jueves, 27 de diciembre de 2012

"Nadie se salva solo" de Margaret Mazzantini.


     Manolo cumplió años. Manolo cambió de moto.
      Por el cumpleaños le regalé un libro, en papel, físico, no virtual. Esto cada vez cuesta más ante la inmediatez, economía monetaria y de esfuerzos de los soportes, mejor no-soportes por lo innecesario del soporte físico, electrónicos. En recuerdo de los tiempos pasados compartiendo estudios de italiano se me ocurrió acudir a la novela actual italiana siempre fresca y en continuo cambio. Pensé en una historia doméstica divertida La luz en la casa ajena, como ya la tiene Lenny arriesgue con un historia de amor desconocida. ¿Desconocida? La misma historia de desamor tantas veces vivida y tan pocas contada en sus detalles desgarradores como esta. La desnudez de los personajes durante el proceso de una cena nos deja helados con su efectividad.
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Efectividad ruda, dolorosa, descarnada. En la ausencia de artificios parece que es donde reside su fuerza. Como en el caso de la Kawa de Manolo la capacidad de desarrollar eficazmente sus prestaciones hace que se renuncie a todo lo que pueda perturbar esto. A pesar de eso es necesaria una cierta funcionalidad más allá de las curvas, estabilidad, manejabiliad y velocidad por lo que Manolo le pone un cajón, un top case, que hace a la moto útil, vivible. En la novela los aspectos oníricos parecen cumplir esta misión y sobre todo la puerta a la esperanza, a un futuro distinto que no mejor que se abre a los personajes.







     No creo que sea necesario esperar al próximo cumpleaños para darnos el gusto de la lectura alegre de un enamoramiento en pañales que compense lo que hemos sufrido con esta lectura.  Puede ser que la continuación de esta novela sea esa historia que queremos vivir y que, por lo pronto, queda sugerida para nuestra imaginación.

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