viernes, 30 de junio de 2017

"El cuento de la críada" de Margaret Atwood.


El rigor de Atwood

La autora canadiense, premio Príncipe de Asturias, no deja nada a la improvisación. La voz de sus personajes en un escenario cotidiano ahonda en el realismo del retrato
Margaret Atwood tiene probablemente el cerebro mejor amueblado de toda la literatura canadiense y es una escritora prolífica y sin duda de inmensa valía, de todo lo cual dan cuenta, con justicia, las principales virtudes que se han recordado con motivo de la concesión del último Premio Príncipe de Asturias de las Letras: su actitud vigilante y casi siempre atinada en cuestiones políticas y sociales, su agilidad y agudeza, demostrada en su ya extensa obra ensayística, para reflexionar sobre temas literarios y culturales, su dominio de la construcción dramática que le permite resolver con gran eficacia narrativa tramas muy complicadas, su concepción realista y comprometida de la literatura que se trasluce en la fuerte vinculación, de raíz crítica, que sus obras guardan con aspectos controvertidos del presente, su uso de dos lenguas literarias, el francés y el inglés, su cultivo con equiparables méritos de diversos géneros

Resurgir / El cuento de la criada

Margaret Atwood
Traducciones de Gabriela Bustelo /
Elsa Mateo Blanco
Alianza / Bruguera. Madrid / Barcelona, 2008
310 y 475 páginas. 18 y 19,50 euros
... Nadie con dos dedos de frente puede desdeñar ningún libro de Atwood, en todos, incluso en los más ligeros y desenfadadamente humorísticos, en los divertimentos a los que tan aficionada es, se percibe el afán de perfeccionismo y rigor de quien no deja nada a la improvisación. Para quien esto escribe, sin embargo, el puesto de mejor escritor canadiense lo ostenta Alice Munro, menos cerebral que su compatriota, menos versátil quizá, pero más capaz en sus relatos de sugestionar al lector haciéndole olvidar el artificio en el que al fin y al cabo consiste toda literatura. Para muestra del talento de Atwood, estas dos novelas, Resurgir y El cuento de la criada, que, es de suponer, se reeditan al calor del premio y que se cuentan entre las más conocidas suyas.
Resurgir, de 1972, fue su segunda novela y se dice que en su composición plasmó algunos de los patrones temáticos de la literatura canadiense que previamente diseccionara en un célebre ensayo, Survival: A thematic guide to canadian literature, del que no hay edición española. Resurgir narra introspectivamente el "resurgimiento" o camino hacia la iluminación de una joven divorciada, lastrada por diversos traumas infantiles y amorosos, que, con su amante y una pareja de amigos, acude en busca de su padre desaparecido a la cabaña donde éste vivía. Allí, a lo largo de siete días, en un omnipresente entorno campestre, los recuerdos del pasado (un amor frustrado, un aborto temprano) se entrecruzan con la evocación del padre a través de la lectura de sus papeles y con las conclusiones, extrapolables a su propia experiencia, que la observación de sus acompañantes proporciona a la narradora. Si bien es atinada y sostenida en el texto la ambigüedad del resurgir al que se refiere el título, pues puede ser tanto el resurgir de viejos demonios como el resurgir a que da lugar su superación, y es especialmente atractiva la entidad que cobra el paisaje (casi un personaje más), gran parte de la temática subyacente, en particular la deudora de cierto argumentario feminista de la época, parece hoy un tanto estereotipada.
Más enjundia tiene El cuento de la criada, una contrautopía, publicada en 1986, que transcurre en una supuesta república fundamentalista cristiana soberana en el territorio que hoy son los Estados Unidos y en la que las escasas mujeres fértiles son recluidas, como esclavas, para ser fecundadas y dar a luz a los hijos de la oligarquía. El hecho de que el futuro en el que se desarrolla la historia sea un futuro tan cercano a la fecha de su publicación como 2005 desvela las intenciones de Atwood de hacer una obra de ficción especulativa, más que abiertamente futurista. Su principal acierto reside en haber sabido huir de lo abstracto alegórico, dotando a su protagonista y narradora (una de esas criadas destinadas a la procreación y amenazadas cuando sean infértiles con un fatal destino) de una voz tan íntima como convincente, e insertándola, además, en un escenario cotidiano, con sus rutinas minuciosamente detalladas, que ahonda en el realismo del retrato. La pena es el inexplicable epílogo en el que, haciendo que la narración sea una suerte de manuscrito encontrado, Atwood da la vuelta a los presupuestos con los que ha construido el relato y opta por un final de fábula moral. -
El 7 de enero Bruguera publicará la edición bilingüe del poemario de Margaret Atwood La puerta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de diciembre de 2008

"La niña que soñaba el mundo" de Eloy Cuadra.

      Eloy nos regala la posibilidad de una lectura agradabale y de contribuir alas pequeñas mejoras dela sociedad. El resultado de la venta de este relato lo destina el autor a una ONG con la que trabaja. Esta generosidad no es nueva sino que parece ser el lo habitual en Eloy. No sólo debemos agradecerle su actitud, también la prosa fluída y agradable con la que homenajea a la infancia y nos ponene en la perspectiva de una niña con su indignación ante la injusticia. injusticia que nunca se disfruta y siempre se sufre porque no podemos dejar de ser humanidad.
     La historia, ilustrada por Inés Cordón, se alegra con fantasías y relatos que nos acercan al verano y a la alegría de la niñez y cierta añoranza de la inocencia de la mirada infantil. Así nos lo hace ver Eloy en la presentación y dedicatorias a sus dos hijos.
      El libro no se acaba, ni mucho menos, en las sugerencias que he referido, pero lo que parece inacabable es la personalidad del autor que sorprende con cada nuevo dato de su biografía...por cierto que no aparece en ninguna de las referencias consultadas su vertiende de consejero técnico baloncestístico.




martes, 27 de junio de 2017

"La vegetariana" de Han Kang.

El Cultural

nos presenta la próxima lectura de la tertulia de la competencia.

  

La vegetariana

Han Kang

Traducción de Sunme Yoon. :Rata_. Barcelona, 2017. 223 páginas. 19,50 €
POROCHISTA KHAKPOUR (THE NEW YORK TIMES) | 21/04/2017 


Han Kang. Foto: Ariadna Arnes

Ni todas las advertencias del mundo bastarían para preparar al lector para los traumas de La vegetariana, de Han Kang (Seúl, 1965), galardonada con el Man Booker Internacional 2016. Puede que, para empezar, uno se fije en el título, recorra la inofensiva frase del principio -“Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial”-, y piense que, en este caso, el mayor peligro es la conversión al vegetarianismo. Los horrores que se agitan dentro y fuera de esta feroz novela, con su impresionante reivindicación de la muerte, no tienen fin. 

Cuando Yeong-hye se despierta una mañana de un sueño inquieto, descubre que se ha convertido en una monstruosa... vegetariana. Y aquí se acaba el eco, sencillo en apariencia, de este punto de partida clásico. La novela, estructurada en tres partes, zigzaguea entre el suspense doméstico, la parábola de transformación y la meditación dendrofílica relatados desde los puntos de vista del deplorable marido de la protagonista (1ª parte), de su obsesivo cuñado artista (2ª parte), y de su saturada hermana mayor (3ª parte). Los tres personajes se caracterizan por lo que hacen para ganarse la vida, mientras que Yeong-hye deja de hacer prácticamente todo. 

“He tenido un sueño”, dice en uno de sus pocos momentos de diálogo directo como única explicación de su reciente condición de herbívora. Al principio su familia y sus amigos reaccionan con un desdén distraído. Durante la cena, un conocido pasivo-agresivo proclama: “Odio compartir una comida con alguien que considera que comer carne es repugnante solo porque ellos mismos lo piensan… ¿No te parece?” Pero su forma física no tarda en crear el espacio negativo tan temido por su círculo más próximo: pérdida de peso, insomnio, disminución de la libido y, finalmente, abandono de la vida cotidiana “civilizada”.

No se puede decir que este sea un libro ascético. La novela está llena de sexo dudosamente consentido, de alimentación forzosa y purgas de toda clase que, en el fondo, son abusos sexuales y desórdenes alimentarios, aunque nunca llamados por su nombre en el universo de la autora. Una reunión familiar en la que Yeong-hye es agredida por su propio padre por el tema de la carne evoluciona para adquirir tintes bastante más tenebrosos al penetrar en el territorio de la autolesión, si bien esta no será la última vez que un hombre (o ella misma, de hecho) viole su cuerpo. Sin embargo, la violación de la mente es un asunto distinto. 
La vegetariana necesita toda esta carnicería porque, en el universo de la novela, la violencia está conectada con el sustento físico en el consumo de carne, las relaciones sexuales e incluso los cuidados. La intervención externa de la familia, los amigos y los médicos actúa para moderar la realidad de esta historia, pero, al final, los esfuerzos de todos ellos son anémicos.

Publicado originalmente en Corea del Sur en 2007 e inspirado en el relato cortoThe Fruit of My Woman [El fruto de mi mujer], de la misma autora, La vegetariana fue la primera obra de Han que se convirtió en una película. En su país, Han ha recibido merecidos elogios que la califican de visionaria. Aquí se corre el riesgo de prestar atención solo a los aspectos etnográficos y sociológicos. En Gran Bretaña, las reseñas intentaron encontrar sentido a su rareza atribuyéndola a la cultura. Hubo críticos que trataron de poner el acento en que en Corea del Sur el vegetarianismo es imposible.

Asimismo, desde un prisma feminista occidental contemporáneo se podría condenar la novela tachándola de ejercicio de degradación de la mujer o de “porno horror”. Pero con ello se estaría asumiendo igualmente una normalidad problemática, utilizándola como vara de medir para la novela. Fuera de Occidente hay todo un universo literario que no se adapta a nuestros mercados, no se debe a nuestras tendencias ni se pliega a nuestra política.

Antes bien, el espléndido tratamiento que da Han a la capacidad de actuar, a las decisiones personales, a la sumisión y a la subversión encuentra su forma en la parábola. Los géneros literarios breves -la novela tiene menos de 200 páginas- tienen la particularidad de que en ellos lo alegórico y lo violento extraen una potencia especial de sus pequeños contenedores. Uno tiene la sensación de que La vegetariana guarda relación con obras breves tan diversas como Lazos de sangre, de Ceridwen Dovey, o Bartleby, el escribiente, de Melville. También me ha recordado a El búho ciego, obra maestra del terror y novela de culto de 1937 escrita por el iraní Sadegh Hedayat. Y, por último, ¿cómo no remitirnos a Kafka? Más que La metamorfosis, por el texto rondan los diarios del autor y su relato Un artista del hambre. Además, Kafka tal vez sea el vegetariano más conocido de la historia de la literatura. Al parecer, en una ocasión le declaró a un pez en un acuario: “Por fin puedo mirarte en paz. Ya no te como”. 

De todas maneras, el de Han Kang no es un cuento con moraleja para omnívoros, ya que el viaje vegetariano de Yeong-hye dista mucho de ser feliz. Abstenerse de comer seres vivientes no lleva a la iluminación. A medida que Yeong-hye se desvanece, la autora, como un auténtico dios, deja que nos batamos con la pregunta de si deberíamos ponernos de parte de la supervivencia de la protagonista o de su muerte. Una pregunta que viene acompañada por otra, el interrogante último sobre el que nos resistimos a reflexionar. “¿Por qué es tan malo morir?”, pregunta Yeong-hye. En el capítulo siguiente se responde como un eco: “¿Por qué es tan malo morir?”. 




miércoles, 21 de junio de 2017

Babelia suplemento de libros de El País nos presenta el libro de la próxima tertulia. Me sorprende la coincidencia con el planteamiento del autor. Continuaeremos tras la tertulia con los comentarios que no tienen porque ser coincidentes.




Últimas voluntades

David Trueba retoma la idea de viaje en 'Tierra de campos', una novela sobre los conflictos emocionales de un músico que debe enterrar a su padre en su pueblo natal.



David Trueba visto por Sciammarella.
David Trueba visto por Sciammarella.

Nueva novela de David Trueba (Madrid, 1969) en la que elige la idea del viaje –en este caso se trata de enterrar al padre del protagonista, Dani Mosca, una suerte de cantautor eléctrico en el pueblo natal de aquél- como argumento y excusa para poder leer cómo se entrelazan los personajes alrededor de una vida. El regreso a las raíces paternas será en un coche fúnebre conducido por Jairo, un ecuatoriano locuaz que Trueba ata corto, quizás por temor a que le lleve la novela a otro lugar. El coche, el viaje, es una constante en su expresión tanto literaria como cinematográfica. Ese cumplimiento de la última voluntad del padre, es un trayecto estimulante que Trueba utiliza al mismo tiempo como túnel del tiempo, ajuste de cuentas y nueva etapa.
El libro nos explica la biografía de Mosca. Una vida que, en su caso, no es sino crecer sin suelo, tanto como músico sin tradición autóctona, autodidacta como de ser emocional, prueba y error, ciudad y pueblo, infidelidad y lealtad. Dani Mosca se crea a sí mismo a través del conflicto emocional con su padre, con una madre que el alzhéimer le arrebata muy joven, con la primera amistad que lo resiste todo –los personajes de sus camaradas de su banda, Las Moscas, Gus y Animal se levantan del papel, especialmente el primero-, la música como modo de ordenarse y con la atracción amorosa, epicentro y desequilibrio, droga, refugio y, al final,sonido de sirena de ambulancia a lo lejos, en propias palabras de su autor.


Últimas voluntades


Trueba sabe explicar cómo nos relacionamos, cómo colocamos los sentimientos en las casillas correctas y fallidas, a dónde acabamos llegando. Tiene un estilo sencillo, un perdone que le moleste, pero es cumplidor a la hora de explicar una historia, hilvanarla bien, que no se desmesure nunca ni se le vaya la mano con el picante. Nos sale de casa siempre peinado y el paseo fluye pero no olvidemos que, a veces, lo cotidiano es un sitio complicado desde el que escribir –como Nick Hornby-. Trueba lo hace desde un lugar exento de cinismo y épica redentora y, al mismo tiempo, nos evita pornografía sentimental. Uno puede sentirse cómodo en el mundo Trueba, en sus personajes y situaciones, pero lo suyo no es otra cosa que una artificiosa normalidad de las cosas anormales, una representación artística. Además, en ocasiones –no siempre, todo hay que decirlo- evita soluciones fáciles. Afrontar la figura de un músico –como lo hizo de un futbolista en Saber perder-, no es para nada sencillo. No lo es si además extirpas, en este caso, la complicidad musiquera, el rollo secta, los tópicos que simplificarían nuestra adhesión. Trata de meterse en la creación cuando eso es algo que incluso la mayoría de biopics sobre músicos evita explicar: el trabajo de artesano, el ser un mero instrumento de la creación no siempre un alma atormentada de cliché. Más señales de escritor: los kilómetros del trayecto, más de 400 páginas pero necesarias para que, especialmente, las relaciones sentimentales puedan tener un por qué narrativo tanto comprendido como sentido por el lector. Sólo con ese metraje las historias de amor relevantes tienen su propio espacio, ninguna oscurece a la otra.

  • Últimas voluntades


Es cierto que hay aspectos del libro que uno piensa desaprovechados –Jairo, la culpabilidad de las infidelidades, la vanidad- o falto de nervio -¡Dani Mosca necesita un letrista, ya mismo!- pero todos son decisiones de autor. Trueba es un escritor mucho más seguro e impertinente con el lector de lo que parece mientras lo lees: quiere saber quién es él mientras tú te preguntas por qué todo lo suyo se parece tanto a ti sin serlo
Tierra de campos. David Trueba. Anagrama, 2017.404 páginas. 20,90.

viernes, 16 de junio de 2017

"El ruletista" Mircea Cartarescu.

      Lenny me aconseja la lectura de un relato que termino pidiéndole a los alumnos. Los afortunados lectores forzosos de primero de bachillerato me contagiaron el interés por  un relato que tras una estructura formal truculenta, es raro hablar de estructura en un cuento y lo de truculento no pretende tener ningún sentido peyorativo, nos ofrece un ambiente en el que se asfixian los personajes en el desencanto y ausencia de libertad.
      La historia, compleja con varios giros, es narrada por un escritor de éxito que describe las andanzas de un destrozado escritor sin éxito. Éste escritor se adhiere a la vida a través de un jugador de ruleta rusa de sorprendente fortuna. Los giros narrativos culminan en el descubrimiento del narrador en un contexto desalentador. 
             Si leer es un placer, compartirlo con los compañeros profesores y alumnos lo convierte en una pasión a renovar constantemente....espero que siga así.

miércoles, 24 de mayo de 2017

"Buenas noches madre" obra literaria, representaciones y peli.





María José me propone la lectura de una obra de teatro por segunda vez. Tras Incendios leo con curiosidad este diálogo. Dos personajes femeninos se enfrentan a su realidad a lo largo de una noche en tiempo real, con propuesta de reloj en el escenario. La aparente simplicidad del planteamiento no esconde la complejidad de dos biografías que contienen alguna más. Así nos adentramos en un mundo que no ofrece salidas.




 Mari Carrillo y Concha Velasco estrenan 
hoy en Madrid 'Buenas noches, madre'.



Madrid 14 de septiembre de 1984.
Buenas noches, madre, un drama que reúne a las actrices Mari Carrillo y Concha Velasco, se estrena esta noche en Madrid, en el teatro Reina Victoria. La obra, basada en Night, mother, de la escritora norteamericana Marsha Norman, y premio Pulitzer de 1983, está centrada en la relación de dos mujeres, una madre y una hija, enfrentadas ante la decisión de suicidio de esta última.
La versión castellana de esta pieza dramática ha sido realizada por el autor teatral Miguel Sierra, quien se ha enfrentado por primera vez con este tipo de trabajo de adaptación. Buenas noches, madre fue representada en Broadway la pasada temporada teatral con muy buena acogida de la crítica. Se estrenó hace unas semanas en Gijón y luego ha sido presentada en Vitoria, San Sebastián, Bilbao, Oviedo y Valladolid.La obra, dirigida por Ángel García Moreno, ha sido abordada con gran realismo, sin artificios. Una obra que ocasiona a las actrices un gran desgaste físico y psicológico. Concha Velasco ha declarado que la obra le demanda mucho trabajo, que le deprime y le cambia el carácter, «sencillamente porque el personaje es una mujer normal". El realismo y carácter de esta pieza se centran en una tensa situación que "bien podría estar ocurriendo a nuestros vecinos", comentó el director García Moreno. Concha Velasco considera que el papel que desempeña en esta obra como Jessie Cates es más importante que el que hizo como santa Teresa de Jesús.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de septiembre de 1984



En sur.es nos aparece el comentario de otra 

representación:

TEATRO
Las tensas relaciones madre e hija, en un drama profundo
Remedios Cervantes se despide hoy de los escenarios malagueños con este montaje, obra con la que Marsha Norman obtuvo el Pulitzer en 1983


21.05.08 - 08:39 - 

La norteamericana Marsha Norman obtuvo con ‘Buenas noches madre’ el premio Pulitzer en 1983. En España la montaron poco después las actrices Mari Carrillo y Concha Velasco. Veinte años más tarde vuelve a los escenarios con Carmen de la Maza y Remedios Cervantes, responsables de encarnar a una madre y su hija en plena crisis e incapaces de afrontar una situación para ellas insostenible.
La actriz y modelo malagueña ha debutado como empresaria teatral con este montaje que coproduce y coprotagoniza con De la Maza. La dirección de la obra de Norman corresponde a Gerardo Malla y la adaptación a la escena la firma Miguel Sierra.
«Madre, voy a matarme». Es la frase que desencadena el drama y que marca el diálogo entre Jessie y su progenitora. Las tormentosas relaciones entre madre e hija que la dramaturga estadounidense retrató en 1983 vuelve a los escenarios de la capital, en este caso al Alameda –la obra se estrenó en septiembre pasado en el Cervantes–, con un montaje denso y profundo que saca a escena ‘las tripas’ de los personajes.
Sentimientos
En los años ochenta, Mari Carrillo y Concha Velasco habían representado este texto del que Cervantes compró los derechos y, tras «manosearlo» para «cambiar algunos términos que sonaban antiguos», lo ha llevado a escena con la intención de dar «una imagen de cara lavada, a pecho descubierto y en la que no hay buenas posturas, sino los sentimientos de dos seres humanos que debaten». Carmen de la Maza cree que el principal problema en la relación entre esta madre y su hija «es que no se gustan, no se quieren y de ahí vienen todas las irritaciones de estos personajes, una dice blanco y la otra dice ¿por qué? Hay una falta total de entendimiento, de manera de ver la vida y eso crea los conflictos». Intensa relación que actoralmente se traduce en «un trabajo muy duro, muy intenso, de encontrarnos y ver qué camino se tomaba».
La función terapéutica de esta obra puede trasladarse también al espectador «porque están acostumbrando a ver cosas sencillas, simples, de entretenimiento, con las que salen del teatro comentando lo bonito del montaje o qué guapa estaba tal actriz, pero no han visto con los ojos interiores otras cosas que hay. Y en esta obra se dan momentos muy reconocibles en la relación humana. No hablo ya de madre-hija, sino también de las que se pueden dar entre hermanos, en una pareja, situaciones de incomprensión, en las que no se escuchan porque no quieren o porque no saben. Creo que el público sale de ‘Buenas noches, madre’ con reflexiones, con dudas o, incluso, con discusión entre ellos. Lo que quiero decir es que no hacemos una función de evasión, es más de pensar y de comentarios a la salida».
Las tensas relaciones madre e hija, en un drama profundoDice el director de la pieza, Gerardo Malla, «que en la programación española no abundan obras como ésta, algo que indica desconfianza o pereza por parte de las empresas productoras y no sé si también del público hacia el teatro de conflictos, de personajes, de tensiones y situaciones cuyo soporte principal lo constituye la palabra y la fuerza de los intérpretes».
La obra, a pesar estar escrita y protagonizada por mujeres, tiene «un gran protagonismo de lo masculino, que esta muy presente en la actitud machista de la madre y en las figuras ausentes del padre y el ex marido», resume la actriz malagueña.
Remedios Cervantes, Miss España en el año 1986, se adentró en el mundo de la interpretación con la serie de televisión ‘Arrayán’, de Canal Sur, y con piezas teatrales como ‘Hipotecados’. te montaje, obra con la que Marsha Norman obtuvo el Pulitzer en 1983.




     La propia escritora que se atrevió a escribir un drama de tan cruda dureza, decora para sacar de Brodway y posteriormente del off-Brodway y ofrecerla a un público más amplio. Marsha Norman, tras ganar el Pulitzer de drama en 1983 actualiza, pero dándole continuidad a la obra de teatro ya que el director, Tom Moore, será el mismo. Pasó tan desapercibida que no se llegó a estrenar en cine sino que podemos disfrutarla a través del vídeo. 






miércoles, 17 de mayo de 2017

"Cáscara de nuez" de Ian McEwan.


     No hace falta ninguna justificación para disfrutar de las descripciones detalladas y generadoras de contexto de Ian McEwan. En esta ocasión realiza algo más que un ejercicio de estilo al ni siquiera pretender justificar al narrador. En este caso no sólo no se justifica sino que es imposible hacerlo ya que se trata de un no-nacido, de un feto que describe (imposible) hasta lo que no ve, para colmo, no sólo describe, sino que incluso participa activamente en una acción de intriga.
    El vínculo con la realidad, a través de la madre, es fundamentalmente biológico, en especial se ejemplifica en las intoxicaciones alcohólicas. Pero desde esta base llega a tener una actuación activa en la resolución de la trama criminal. Trama ambientada con unos toques eróticos.
              Interesante es la transgresión de la maternidad, tradicionalmente asociada a la bondad, que en este caso cae en la mentira, el crimen y, en especial, la estupidez. Todo esto apenas justificado por el placer sexual que le ofrece un personaje que sólo tiene eso que ofrecer. La adicción sexual en el que cae no es sino una manifestación más de la simpleza que no se sustenta ni siquiera en el amor sin justificación. Amor injustificado el que siente el padre por una madre que no es sino eso.





      

viernes, 28 de abril de 2017

"Y tu no regresaste" de Marceline Loridan-Ivens.



 Babelia, separata literaria de 

El País nos introduce el libro de la tertulia de la competencia.




Carta al padre

Loridan-Ivens hace frente al triunfalismo francés para señalar una posguerra “amnésica y antisemita".





Carta al padre

El pequeño libro de Marceline Loridan-Ivens reúne algunas impresiones y recuerdos de su deportación a Auschwitz-Birkenau cuando contaba 15 años. Esta autobiografía en forma de carta a su padre, con el que fue detenida en 1944 y al que sobrevivió (de ahí el título del libro), sirve de respuesta emocionada a la nota que él consiguió hacerle llegar estando los dos ya recluidos, con el peligro que ello entrañaba. Por otro lado, desde el punto de vista histórico, se enmarca en el revisionismo sobre el papel que desempeñó Francia durante la II Guerra Mundial.
Frente al relato triunfalista que se construyó al terminar la contienda, según el cual el país se había liberado gracias a una resistencia prodigiosa, los revisionistas han subrayado la colaboración con los alemanes, y no solo la del Gobierno títere de Vichy (la llamada Francia Libre).Para la autora fue “una posguerra amnésica y antisemita que se regodeaba en el cuento de una Francia heroica, y que hundía cada uno de mis recuerdos a golpe de negación”. Cabe interpretar Y tú no regresaste como un acto de rebeldía individual, de reivindicación de la memoria íntima frente a la historia pública que se transformó en relato oficial y que ha prevalecido entre los franceses.
Sin embargo, el libro es mínimo —tal vez en aras del lirismo— y pasa por alto muchos detalles que creo que a los lectores nos hubiera gustado conocer sobre la vida de la narradora. Con ellos el volumen se habría parecido más a un clásico del género como Si esto es un hombre, de Primo Levi, y menos a las llamadas misery memoirs. El trasfondo es igualmente turbador. La voz constante de la narradora avanza hasta llegar a la conclusión de que el “mundo es un mosaico horrendo de comunidades y religiones empujadas a los extremos. Y cuanto más se acalora, más avanza el oscurantismo y más apunta hacia nosotros, los judíos. Ahora sé que el antisemitismo es un elemento permanente”.
Es un campo de concentración no sorprende, pero tampoco reviste autoridad más allá de la que le dan los sentimientos. La elevación del antisemitismo a la categoría de universal solo se justifica por esa sinécdoque voluntariosa de la historia que va logrando que en planes de estudio y legislaciones se sustituya una parte de la historia (el Holocausto) por el todo en que se enmarca (la II Guerra Mundial). Así lo explicaba en estas páginas un escritor israelí no hace muchas semanas: “Hemos construido un muro y vivimos dentro con una fuerte sensación de paranoia que nos lleva a ver amenazas vitales por todas partes”. Loridan-Ivens tiene razones sobradas para ver amenazas, y es penoso constatar una vez más que el nazismo logró desasimilar por completo a los judíos europeos que lo sobrevivieron y, probablemente, también a sus descendientes. Esta triste epístola da cuenta de ello.

Y tú no regresaste. Marceline Loridan-Ivens. Traducción de José Manuel Fajardo. Salamandra. Barcelona, 2015. 92 páginas. 14,95 euros.
      Hace mucho tiempo que no leo para aprender nada, pero a pesar de mi carencia de intenciones formativas, las lecturas parecen hacen  más compleja mi comprensión de la realidad. Hace tiempo que leo por y para el disfrute, por lo que una novela-carta sobre los campos de exterminio no parece una invitación interesante. De entre los placeres de la lectura me parece a destacar el de re-vivir emociones que me hacen re-vivir en mí otras vidas que me hacen compleja una realidad de la que podría ser plana a formar  valles y montañas para disfrutar en sus angosturas. Alberto se mereció el respeto de seguir su sugerencia de leer lo que parece una obra dentro otro subgénero: el homenaje novelado a la muerte de un progenitor con recreación del contexto histórico. Milena Busquets con También esto pasará o Hector Abad Faciolince con El olvido que seremos nos ofrecían sus emociones, sin recargar las tintas, en un contexto histórico determinado y descrito.