domingo, 18 de septiembre de 2016

"El lector del tren de las 6,27" de Jean-Paul Didierlaurent.

La Cueva del Erizo en la pluma de la psicóloga amante de 
los libros y de las novelas en especial  Mercedes Suero 
Fernández no anticipan lo que será nuestra próxima lectura.

“El lector del tren de las 6.27”, una historia sensible con aura de cuento.
14 abril, 2015 
Reseña de El lector del tren de las 6.27 de Jean-Paul Didierlaurent. Una recomendación de 
Mercedes Suero Fernández
Seix Barral
No sólo de clásicos vive el ávido lector. No siempre para obras profundas, introspectivas y reflexivas tenemos la cabeza preparada. Afortunadamente siempre hay algún libro que se posa delante de nuestros ojos mandándonos la energía adecuada, diciéndonos: “vale, no soy una obra maestra, pero no me hace falta, vas a pasar un buen rato conmigo porque soy una lectura amable y sencilla.” Y justo en ese instante algo te impulsa a leer sin descanso cumpliéndose el principio básico del libro adecuado, abstraerte de tu realidad. Pues justo esto me ha pasado con El lector del tren de las 6.27. Una portada distinta, un título impactante hace que me decida por él y descubra la vida de Guibrando Viñol, un hombre cualquiera con una vida cualquiera, que como tal, encierra maravillosas casualidades que harán de ella una historia digna de contar. Y es que en la vida más mediocre puede aparecer el momento más inolvidable.
Guibrando Viñol trabaja en la STRN (Sociedad de tratamiento y reciclaje natural) haciendo justo lo contrario a lo que le gustaría. Tritura libros en una máquina abominable a la que llama “la cosa”. Sus únicos amigos son Yvon, el señor de la garita que habla en versos alejandrinos y Giuseppe, un antiguo empleado que sufrió un trágico accidente. Sin contar al único ser que le hace compañía cuando llega a casa, un pez rojo al que le cuenta sus vivencias del día en ese lugar que detesta y necesita. Su única manera de rendir homenaje a todos esos libros destruidos es salvando hojas sueltas que “la cosa” no llega a engullir. Así, cada mañana, cuando coge el tren, lee en voz alta esos párrafos inconexos para deleite del resto de pasajeros. Pero un día encuentra algo nuevo, es un pendrive extraviado donde se recoge el día a día de una misteriosa Julie a modo de diario. Sustituye el texto a leer por el de la chica y comienza su búsqueda.
Jean-Paul Didierlaurent se mete en la piel de una persona anodina y sin ilusiones, que vive como un autómata la vida que le ha tocado, en soledad, intentando mostrar una imagen más optimista y triunfadora de sí mismo a los demás que no es real. Su realidad inmediata es lo único que tiene y gracias a un hecho fortuito todo cambia en él, su manera de ver la vida y sus ganas de vivirla. Esta novela sencilla es una muestra sobre la importancia de las percepciones de nosotros mismos y de lo que nos rodea. Cómo puede cambiar el paseo que todos damos por la existencia en función de lo que queramos conseguir, de cómo queramos ser. Las ilusiones, queridos lectores, que son capaces de convertir la vida más gris en el arco-iris existencial que impulse cada paso. Donde por supuesto, el amor tiene un papel protagonista.
El lector del tren de las 6.27 no es una obra maestra, tiene algunas informaciones descentradas, personajes que no sabemos muy bien qué aportan a la trama y quizás falte un poco más de narración en la parte que más atrapa, pero es una historia bonita y original, muy sensible, con un lenguaje sencillo y con un aura de cuento moderno que nos regala ese final propio del género. Una historia humana y bienintencionada en la que merece la pena entretenerse y que nos entretenga.

sábado, 10 de septiembre de 2016

"París-Austerlitz" de Rafael Chirbes.



elespañol.com nos presenta, antes de su lanzamiento 

comercial el 13 de enero de 2016, la novela póstuma de Rafael 

Chirbes fallecido en agosto de 2015.

RAFAEL CHIRBES

Chirbes sale del armario

En unos días llega “París-Austerlitz”, la novela póstuma del autor que dibujó España y se olvidó del amor. Ahora sabemos por qué.

Rafael Chirbes, autor de París- Austerlitz.
Rafael Chirbes, autor de París- Austerlitz.



“Te he capturado”, le decía Michel cuando apretaba su polla con fuerza una vez la tenía dentro. Y él, el narrador, el protagonista de París-Austerlitz(Anagrama), se revolvía al recordar aquellas palabras dichas entre juegos, transformadas en siniestro aire premonitorio del sida. No quiere morir, no quiere entregarse, ni dejarse capturar, no quiere convertirse en víctima, como ha hecho su amante francés, que le echa en cara no haberse entregado nunca al amor por andarse con prevenciones y condones. “El amor como una trampa mortal”, cuenta la primera persona que teje un amargo tratado sobre el amor y que Rafael Chirbes tuvo guardado en el cajón durante casi veinte años hasta que lo dio por terminado, tres meses antes de su fallecimiento, el pasado agosto.
Chirbes abandona en su despedida los lodos de los poceros de este país de sombras, con su obra más cruda y personal. La que, posiblemente, nunca se hubiese atrevido a defender, conociendo la reserva con la que conducía su vida privada. En poco más de un centenar de páginas aparta los deslices del país para centrarse en las obsesiones que se filtran a lo largo de su carrera -sin tanta evidencia-, como la soledad, el amor, el egoísmo, el aislamiento, el sexo, la traición, la vergüenza, los impostores, la corrección, las aspiraciones, las ambiciones, la represión, el resentimiento, la familia y, claro está, la culpa.
Es el alcohol el que habla en nombre del amor, son las horas enteras follando las que declaran fidelidad y vejez. Y qué bien las cuenta Chirbes. En París-Austerlitz el protagonista huye a la capital francesa para zafarse de la incomprensión, de la incapacidad de su familia para aceptar su orientación sexual. Allí hallará lo mismo que el primer personaje de Chirbes: el amor como un pacto contra el abandono, el amor útil. Ruin, escéptico y destructivo, como esta novela en la que el autor de Crematorio logra que uno aborrezca a todos los personajes, incluido el amor. Cambia de tercio para volver a la casilla de salida: todo eso estaba ya en Mimoun (1988), novela surgida de sus experiencias en Marruecos como profesor de español, en la que Manuel, el protagonista, termina regresando a España para reconstruir su vida, harto de ver cómo las personas se usan recíprocamente para no quedarse a oscuras, a solas. Chirbes vivió antes un año en París, en 1969, cuando tenía 20 y unas ganas locas de leer a Marx, Lenin, Sartre y ver El acorazado Potemkin y escapar de la opresión franquista.

NO TE CONFUNDAS

De esto estamos hablando cuando decimos amor: exaltación, ebriedad, sexo, deseo y una forma perversa de intercambio. “Sospechaba que todo lo que Michel me ofrecía tendría que devolvérselo algún día, y empecé a mirar su afán por gastar conmigo hasta el último céntimo como el deudor mirar el libro de operaciones del prestamista que acabará por cobrarle un interés desorbitado”. No hay esperanza, todo son condiciones. El joven español lo necesita para salir a flote en su llegada a París, para prosperar como diseñador de una empresa de muebles y convertirse en artista. El maduro francés lo necesita para no caer en el vacío. El amor es poco más que apego reemplazable.
“Durante meses he llegado a creerme que mi ideal de vida coincidía con el suyo: envejecer juntos chapoteando en el pequeño estanque de los hábitos”. Y al cabo de los meses, termina por volver a saltar del barco. Las visitas al hospital de su examante postrado, convertido en una madeja de huesos, forman parte de esa obligación adquirida al pronunciar las grandes palabras. Aunque no signifiquen nada, aunque no sienta nada. Es el alcohol el que habla en nombre del amor, son las horas enteras follando las que declaran fidelidad y vejez. Y qué bien las cuenta Chirbes.
Chirbes pletórico en la prosa de sus imágenes, certeras y dañinas. Es posible que sea ésta su pieza más directa y descarnada, la que más profundiza en el paisaje interior de los personajes
Más leña, por si no había quedado claro: el amor es como el ruido de la carcoma. “La presencia de una piedrecita o de un clavo en el zapato: uno se empeña en seguir caminando con la esperanza de que la costumbre disimule la molestia que produce, pero ocurre al revés: la molestia se convierte en dolor y el dolor se vuelve insoportable”.
Chirbes pletórico en la prosa de sus imágenes, certeras y dañinas. Es posible que sea ésta su pieza más directa y descarnada, menos subordinada, la que más profundiza en el paisaje interior de los personajes y poco en lo que los envuelve. “Me veía a mí mismo como el calefactor que climatizaba la casa después de que se le ha estropeado al inquilino el aparato que le funcionó durante algún tiempo. Un bien útil”. Pues eso, no se puede vivir sin agua o sin luz o sin aire, pero se puede vivir sin compañía. Este es el testamento de Rafael Chirbes.

INACABADA, ¿Y QUÉ?

El próximo 13 de enero, cuando aparezca en las librerías París-Austerlitz, leeremos la novela menos preservativa de Chirbes. Un libro sin grasa ni desarrollo, pura fibra amorosa inacabada. Escribió su final, pero es una novela a la que le dedicó toda una vida -iba y venía sobre ella- y se le terminó echando la enfermedad encima. Dudaba, la temía. Es una cuenta pendiente con sus fantasmas (familiares). Chirbes se ventila en las últimas cinco páginas el asunto como puede, dejando en el aire el desarrollo del protagonista. Debió entregar apenas un centenar de folios, que la editorial ha estirado ampliando márgenes, hasta las 150.
Solía decir que sólo escribía con un motivo y cada vez que se le presentaba todo quedaba paralizado. El milagro español le tuvo ocupado desde 2007 (Crematorio y En la orilla), antes se había preocupado de la posguerra y Transición (La larga marchaLa caída de Madrid y Los viejos amigos) y antes de todo los despojos de la Guerra Civil (En la lucha finalLa buena letraLos disparos del cazador).
Será la Fundación Rafael Chirbes, con su sobrina María José en la dirección, la encargada de gestionar su legado literario y ayudar al patrimonio cultural de su tierra valenciana, tal y como dejó dicho antes de su muerte. La primera responsabilidad de la misma serán los derechos de autor de la obra póstuma.
Es en este texto cuando saca a relucir sin miedo su buen ojo para el arte, con especial interés por Bacon y Matisse
Nos tendremos que conformar con los cimientos de un novelón, en el que, por supuesto, aparece la fuga hacia arriba en la escala social. Por si hubiera poca tensión entre los amantes, no comparten clase social. El madrileño tiene el futuro garantizado con antiguas rentas, el parisino es un obrero. Comían cerca de la fábrica. Michel no se quitaba el mono, veía sus dedos manchados de grasa al partir el pan. Era un local sombrío, “con largas mesas de madera sobre las que tendían manteles de papel que compartíamos con otros obreros de las industrias cercanas”.
El texto guarda otro secreto alucinante, que se había deslizado en otros capítulos de su trayectoria, pero que no es hasta éste cuando saca a relucir sin miedo su buen ojo para el arte, con especial interés por Bacon y Matisse y desidia por las instalaciones contemporáneas. “Parece que no se le pide habilidad de artesano a un artista contemporáneo, más bien se le aplaude el ingenio”. El amor también requiere de ilusionistas que le engañen a uno y le hagan creer en algo, alguien con quien creer en el trampantojo (barroco, siempre), reino de la arbitrariedad, “fuego que se enciende porque sí y se extingue no se sabe por qué”.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

"Pecados sin cuento" de Richard Ford.


 Para evitar que los recuerdos se diluyan como lágrimas en la lluvia me gustaría recordar los pecados de Richard Ford. Al tratarse de relatos el riesgo de disolución es mayor, ya no líquido sino gaseoso, por lo que intentaremos evitar que estos cuentos queden como peo al viento. En otra entrada presentaba el libro y resumía algunos cuentos El cultural de El Mundo, pero no abarcaba a todos por lo que pretendemos complementar ese artículo.

     Los escenarios americanos que durante la lectura recreamos mediante los recuerdos fílmicos pretendemos, en esta entrada, ofrecer alguna referencia fotográfica que no creemos que enturbie la imagen original sugerida por la lectura.
          Intimidad ocurrió en una época en que mi matrimonio era todavía feliz (Pos. 17) pero deja ver la infelicidad del deseo inquieto a través de la grieta de la visión de un mujer que puede parecer algo que no es pero que se espera en el frío de la soledad de una ciudad industrial en invierno...y mi vida entró en aquel momento en lo que sería u primer y largo ciclo de deprimente frustración (Pos. 82).
          Momentos exquisitos nos expone desde la mirada del conductor que ve como atropellan a una viandante mientras se dirige a pasar la noche con una mujer casada que reproducía la conducta de su padre,  que lo informó en una conversación hombre a hombre en una tarde de pesca, al tiempo que va a dar una conferencia sobre la muerte de Diana de Gales que murió un día antes que la mujer de un amigo. Todo esto en un Chicago frío y lujoso que resalta la vacuidad de los sentimientos humanos frente a la siempre presente muerte.
             Resignación comienza con la que podría ser la misma conversación padre-hijo del cuento anterior pero con escena de caza desastrosa de patos. En ella el padre no logra recomponer su imagen tras haber abandonado a su mujer e hijo para ir a vivir con un hombre en Nueva Orleans, la madre sí se recompone en compañía de un músico negro, su jardinero. El padre proporciona la regla de oro de la vida  Antes de follarte a alguien, intenta imaginar cómo te sentirás después de follártelo. "¿Comprendes?"(en español en el original) (Pos. 957). El repaso de los recuerdos lle va al protagonista a reflexionar sobre lo que somos y en qué medida es producto de las decisiones de los progenitores.
              Encuentro empieza con un encuentro en Grand Central Station con un hombre con cuya mujer se había acostado con el narrador en Saint Louis y que terminó violentamente en la habitación de un hotel de Saint Louis -un viejo granero, bonito y elegante llamado Mayfair- (Pos. 1071 y 1084) este hombre espera a su hija que regresa de París, donde vive con su madre en trámites de divorcio. En ese encuentro rememora, en medio de la gente, su antigua relación.
               Cachorro puede entenderse como un cuento de terror en que un lindo perrito que aparece en El jardín de la cómoda casa de un matrimonio desata los miedos y los temores de la pareja. él abogado exitoso que viaja mucho a la urbe Saint Louis, ella abogada activista que vive Nuestra casa hace esquina, y se halla situada en el elegante barrio histórico. Es grande y antigua, y llama la atención -es una construcción típica del Barrio Francés- (Pos. 1212)
           
     Centro de acogida nos narra un viaje de una peculiar familia, incluye el ex de su hermana, a Snow Mountain Highlands. Extraño vínculo que muestra las carencias afectivas y las dificultades de satisfacerlas de los personajes.

     Bajo el radar nos cuenta como un matrimonio, de vida más que resuelta, entablan una espinosa conversación en el coche yendo a cenar a casa de unos amigos. El atropello de un mapache subraya la violencia del diálogo al borde de la carretera junto al embalse Shenipsit.

    Canadiense es Montreal donde vive con su marido e hijo pero viaja y folla con un compañero de trabajo divorciado. Los hombres creen que las mujeres no cambiarán nunca; las mujeres creen que los hombres siempre están a punto de cambiar (Pos. 2600).
      Caridad parte del primer día de vacaciones  de una pareja, ella abogada y él policía(detective) 22 años tras un incidente en que su compañero murió y él es herido lo jubilan, para desarrollar su trabajo creativo para desarrollar juguetes y tener una aventura con otra artesana. Como punto y aparte plantean una vacaciones por Maine con previsible cambio de domicilio. Un road-relato emocional que visita la costa americana tropezándose con personajes muy peculiares.
    Abismo parece una pequeña novela previa a un película de Hitchock. Una pareja laboral, agentes inmobiliarios de éxito, describen sus encuentros que tras atropellar a una liebre acaban, nunca mejor dicho, en el Gran Cañón.
                                                                                                                                                                                                                                                      Raro es que mantengamos la costumbre mensual de reunirnos y celebrar la vida juntos en forma de comida, más raro parece, en especial a los demás, que lo hagamos hablando de libros, pero lo que parece, más que raro, imposible  es que lo pasemos bien, que no queramos irnos, que no nos cansemos y que germine en nosotros una tremenda curiosidad por la lectura propuesta. Raritos somos y lo disfrutamos juntos y por separado. 
          El viernes 16 de septiembre, fecha clave para los que celebran algo ese día como los llamados Abundio, nos reunimos Ana, Calola, Domingo, Lourdes, Luis, Maive, María José y Tomás en el restaurante Los Olivos de La Laguna.   24 euros pagaron una de las mejores comidas de las que hemos disfrutado. Unos nachos con guacamole y humus inauguraron la fiesta del paladar. Con la dosis propicia para Lourdes, no para el que esto escribe, nos ofrecieron unos saquitos de langostinos y cangrejo que tras su apariencia convencional escondían un frágil equilibrio flotante en una salsa con un toque picante adornada con pétalos de flores. Las alcachofas en tempura estaban tan buenas que camuflaban su alcachofidad en una tempura gruesa sobre la una salsa que, aunque parecida a la anterior, no nos cansaba. El escaso bacalao con espárragos fue de difícil división y reparto. Una pluma, secreto o lo que sea de cerdo cerró la fase de los platos principales, hecho en su justa medida, o sea: poco hecho. Acabamos con unos postres en los que me gustaron especialmente una variedad de chocolates que María José no apreció mucho, un helado de mango en sopa de fruta, gustó a Tomás.  El vino fue el Portia de la foto que degustamos con moderación.
     Del libro se habló bastante, incluso a dos voces según queja de María José. No parece que hubiese una valoración clara y definitiva de los relatos. Se reconocieron temas comunes como lo frágiles e insatisfactorios de los sentimientos y la incapacidad de la pareja para completar las necesidades humana, la aparición de animales atropellados, la localización exacta de las direcciones, los coches, los hoteles. Nos dimos cuenta de cómo se abstraía de los problemas económicos, políticos y sociales, dejándolos como telón de fondo. Excepción a destacar es Resignación relato en el que aparecía, en el sur de USA, las secuelas de la esclavitud y la segregación racial y económica. La superación de las infidelidades por las parejas establecidas fue resaltado por Ana, Maive lo justificó por estar la obra escrita por un hombre. Las elipsis señaladas por Ana fueron consideradas por Lourdes como un elemento principal de las obras, en tanto que sabiendo lo que sucede crea incertidumbre sin restar continuidad. Maive consideró que algunos relatos eran excesivos en longitud y que le parecían pesados. Las dudas creadas por algunas informaciones que no se completaron, como en el caso del coche en Abismo ofrecían la posibilidad de dejar abierta a posibles interpretaciones no definitivas.
     Tras la cena, Tomás tenía clara la propuesta de obra y lugar para la próxima tertulia por lo que se decidió y concretó la fecha: 28 de octubre, Afuego El lector del tren de las 6,27 de Jean-Paul Didierlaurent.

martes, 6 de septiembre de 2016

Tomás Moro.

     Muy complicado es ser santo, aunque cada vez lo sea menos y se reconozca antes, pero lo que puede dar risa es que, en estos momentos post-post-preelectorales, descubramos un santo que no sólo lo es, incluso mártir, sino que además es el patrón de los políticos y gobernantes. Risa provocada también por su humano sentido del humor que junto a su pragmatismo en el ejercicio del poder, Canciller y Lord, no le impidió imaginar un lugar, isla, en el que pudiera habitar la utopía. Este santo, estadista, escritor , practicante de la risa nos trae, además, un magnífico retrato de Hans Holbein, el joven o la posterior copia realizada por Rubens.

Ser esenciales nos ofrece estas bienaventuranzas de Santo Tomás Moro que quizás nos ayuden a acercarnos ala santidad cotidiana, más ahora que volvemos de las vacaciones. Muchas gracias.

Bienaventuranzas de santo Tomás Moro

14 ENERO, 2012

Se titulan “El Gusto de vivir” y fueron escritas por Santo Tomás Moro (1478-1535), político y escritor inglés, conocido por su postura contraria a la ruptura del rey Enrique VIII con la Iglesia Católica, que le costó la vida.

EL GUSTO DE VIVIR
– Bienaventurados los que saben reírse de sí mismos, porque tendrán diversión para rato.
– Bienaventurados los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque se evitarán muchos inconvenientes.
-Bienaventurados los que saben descansar y dormir sin buscarse excusas: llegarán a ser sabios.
-Bienaventurados los que saben escuchar y callar: aprenderán cosas nuevas.
– Bienaventurados los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio: serán apreciados por los que les rodean.
– Bienaventurados los que están atentos a las necesidades de los demás sin sentirse indispensables: serán fuente de alegría
– Bienaventurados los que saben mirar sabiamente a las cosas pequeñas y tranquilamente a las importantes: llegarán lejos en la vida.
Bienaventurados los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desaire: su camino estará lleno de luz.
– Bienaventurados los que saben apreciar benévolamente a los demás, aun en contra de las apariencias: serán tomados por ingenuos, pero este es el precio de la caridad.
– Bienaventurados los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar: evitarán muchas tonterías.
-Bienaventurados los que saben reconocer a Dios en todos los hombres, habrán encontrado la verdadera luz y la auténtica sabiduría.

jueves, 4 de agosto de 2016

"6 amores de mujer de los 15 a los 70 años" VV AA.

       María José me aconsejó este libro que tras el título, tan descriptivo y poco original, nos ofrece 6 relatos que sólo parecen tener en común la heterogeneidad. 6 autores diversos con una manera distinta de afrontar el tema del amor no excluyendo, a pesar del título, la perspectiva masculina (si es que la hay). La aparente sencillez hace que podamos denominar a estos relatos como cuentos, si alguno puede escapar a esta denominación de manera que pueda llegar a ser una protonovela sería El mejor perfume de mujer. Se ordenan pro criterio de edad de las supuestas protagonistas parecen esconder un crescendo que culmina con el cuento inédito de Tenessee Willians. Por cierto, grave error en el índice al atribuir a Juan Manuel de Prada el relato de Marina Mayoral.
      en este primer relato la gallega Marina Mayoral nos relata los amores de una tímida, enfermiza y sensible adolescente que convierte (no es la única) la voz del cura en el reclamo que despierta sus ganas de amar y de dar largos paseos. Adios Antinea parece ser el boceto de un personaje a explotar partiendo del despertar callado de su sexualidad.
     Álvaro Pombo nos describe en Alma máter a una reciente universitaria que huye de la monótona existencia del hogar de sus progenitores, descritos desde la perspectiva de ella como poco interesantes, para pretender obtener lo que carece en un mediocre profesor que pretende desarrollar sus ridículas pretensiones artísticas mediante una sesión fotográfica que sólo puede provocar, de nuevo, la huida a ninguna parte.
     Carmen Martín Gaite nos describe la problemática de una pareja tras sufrir la muerte de su única hija. La espontánea excursión campestre de la esposa nos describe, casi de forma sociológica, las costumbres de los habitantes de la meseta en busca de lago de fresco fuera de la urbe. Lo que queda enterrado nos enriquece lo gris de lo íntimo con la falta de opciones de los social, amarguras ambas que se pretenden mitigar con la búsqueda de un fresco que sabe a oxígeno.

      Alicia Giménez Bartlett nos ofrece el más complejo de los relatos, con una recreada atmósfera de soledades compartidas en bares, de rituales de preaparejamiento, del desencanto de lo previsible, pero de esperanza descreída. La asfixia de la cuarentena y el desencanto de las parejas pasadas no amputan el impulso para intentar el siguiente fracaso. El mejor perfume de una mujer es el grito desesperado reivindicando lo primario, el placer instintivo, el gusto del deseo, de sentirse deseado.

     Isabel Clara-Simó nos relata en su cuento una anécdota que desata el deseo y pone de manifiestos unas carencias que la comodidad cotidiana camufla. La utilización, puede que accidental, de la lengua en un beso desenmascara los deseos de una señora que es capaz de destruir para negar-negarse ese ardiente iceberg que constituye su deseo. Deseo de deseo es la victoria de la no humanidad, de la no animalidad, de la nada cotidiana en la que sólo reina el dinero.



    Tennessee Williams cierra el libro con el más emocionante delos relatos. Amor, peli de Haneke, invierte los géneros de los protagonistas pero la vejez, el sufrimiento de la consciencia de lo irreversible dela decadencia no sólo no impiden al amor, sino que detona el tranquilo emerger de los sentimientos. En Arena la comprensión ante la ingratitud nos manifiesta que ésta no es sino un síntoma más de la impotencia, de no poder aceptarse como una carga ¿sólo una carga?

jueves, 28 de julio de 2016

"Pecados sin cuento" de Richard Ford.




El cultural de el periódico El Mundo nos ofrece esta entrevista, con motivo de la presentación en español de Pecados sin cuento, con Richard Ford antes de que se le concediera el premio Princesa de Asturias. 

Jueves, 28 de julio de 2016 
El Cultural


Pecados sin cuento

Richard Ford

Traducción de Damián Alou. Anagrama. 358 páginas, 16’50 euros

Afirma Richard Ford (Jackson, 1944) que los relatos de (que aparecieron publicados en New Yorker y Granta) son en realidad crónicas del fracaso de las relaciones sentimentales, y que “fracasamos por falta de paciencia, sinceridad, pasión, honestidad...” Eso sí, como escritor rechaza el papel de juez. Se limita, dice, a ser testigo de tanta infelicidad.


JOSÉ ANTONIO GURPEGUI | 03/07/2003 | 



En la contraportada de este nuevo volumen de relatos de Richard Ford afirma el crítico Bernard Génies de Le Nouvel Observateur que Richard Ford “se está convirtiendo tranquilamente en el mejor escritor norteamericano”. 

Tal vez resulte excesivo calificarlo como “el mejor”, pero sin duda sí que se trata de uno de los autores punteros y, sin menosprecio de El Día de la Independencia, que le valió el Pulitzer, la novela El periodista deportivo o la colección de relatos Rock Spring lo sitúan a la altura del mismísimo Raymond Carver, y no tardarán en ser reconocidas como referentes imprescindibles de la narrativa norteamericana de finales del XX.


En este Pecados sin cuento se incluyen diez relatos (el último de ellos se antoja más novella que relato) en los que abunda en un tema anteriormente tratado en historias como “El mujeriego” o “Celos” incluidas en De mujeres con hombres, esto es, la complejidad de las relaciones de pareja o, a fuerza de ser más precisos, de las implicaciones del desamor y la infidelidad. En el primer relato, “Intimidad”, el protagonista resulta ser un voyeur que se deleita observando a su vecina desnudándose mientras su mujer duerme plácidamente. Tal situación parece metafórica de la postura del propio lector, pues en buena medida es esa misma actitud intrusista la que nos acompaña conforme reconocemos las miserias matrimoniales de unos personajes que intentan dar un nuevo sentido a sus vidas. 

“Esto ocurrió en una época en que mi matrimonio todavía era feliz” (pág. 9) es la primera frase del mencionado relato, y esa será la piedra angular del resto del volumen. ¿Qué ocurre cuando la pasión amorosa se desvanece como la llama de una vela? La infidelidad parece ser la única salida, pero más que una solución es una huida hacia delante. 

El protagonista de “Encuentro” manifiesta que “Lo que ocurrió entre Beth Bolger y yo apenas merece las palabras que se precisarían para contarlo” (pág. 86) y esa es la fundamental premisa estructural. Ford no parece interesado en el proceso o los motivos, sino que se centra en un momento concreto, en un instante determinado, --como el non-teleological thinking de Steinbeck con quien ha sido comparado-, dejando que sea el lector quien saque sus propias conclusiones. 

En esta historia un hombre ve en la estación de Grand Central al marido de una antigua amante, la referida Beth, e intenta entablar una conversación con él. En “Bajo el radar” el matrimonio Reeves acude a una cena; durante el viaje Marjorie, la esposa, le dice a su marido, Steven, que un año antes mantuvo una aventura amorosa con el anfitrión de la cena… “Entonces Steven le pegó. Cuando lo hizo, no sabía que iba a pegarle, pero sí que quería hacerlo.” (pág. 185).

La mejor de todas ellas es “Abismo”, la novella. En ella encontramos a Frances Bilandic, una agente inmobiliaria casada con Ed, mayor e incapacitado a causa de un accidente. Howard Cameron, un colega, se convertirá en su amante. La ciudad de Fénix en Arizona -cada uno de los relatos ocurren en un lugar distinto-, donde se celebra una convención, será el lugar propicio para sus encuentros, aunque todo resulta en fiasco y finalmente acaba en tragedia cuando Frances propone visitar el Gran Cañon. A fin de cuentas “Uno nunca sale indemne de esas cosas.” (pág. 350). Moraleja válida para ésta y el resto de las apasionantes historias del libro.