jueves, 4 de agosto de 2016

"6 amores de mujer de los 15 a los 70 años" VV AA.

       María José me aconsejó este libro que tras el título, tan descriptivo y poco original, nos ofrece 6 relatos que sólo parecen tener en común la heterogeneidad. 6 autores diversos con una manera distinta de afrontar el tema del amor no excluyendo, a pesar del título, la perspectiva masculina (si es que la hay). La aparente sencillez hace que podamos denominar a estos relatos como cuentos, si alguno puede escapar a esta denominación de manera que pueda llegar a ser una protonovela sería El mejor perfume de mujer. Se ordenan pro criterio de edad de las supuestas protagonistas parecen esconder un crescendo que culmina con el cuento inédito de Tenessee Willians. Por cierto, grave error en el índice al atribuir a Juan Manuel de Prada el relato de Marina Mayoral.
      en este primer relato la gallega Marina Mayoral nos relata los amores de una tímida, enfermiza y sensible adolescente que convierte (no es la única) la voz del cura en el reclamo que despierta sus ganas de amar y de dar largos paseos. Adios Antinea parece ser el boceto de un personaje a explotar partiendo del despertar callado de su sexualidad.
     Álvaro Pombo nos describe en Alma máter a una reciente universitaria que huye de la monótona existencia del hogar de sus progenitores, descritos desde la perspectiva de ella como poco interesantes, para pretender obtener lo que carece en un mediocre profesor que pretende desarrollar sus ridículas pretensiones artísticas mediante una sesión fotográfica que sólo puede provocar, de nuevo, la huida a ninguna parte.
     Carmen Martín Gaite nos describe la problemática de una pareja tras sufrir la muerte de su única hija. La espontánea excursión campestre de la esposa nos describe, casi de forma sociológica, las costumbres de los habitantes de la meseta en busca de lago de fresco fuera de la urbe. Lo que queda enterrado nos enriquece lo gris de lo íntimo con la falta de opciones de los social, amarguras ambas que se pretenden mitigar con la búsqueda de un fresco que sabe a oxígeno.

      Alicia Giménez Bartlett nos ofrece el más complejo de los relatos, con una recreada atmósfera de soledades compartidas en bares, de rituales de preaparejamiento, del desencanto de lo previsible, pero de esperanza descreída. La asfixia de la cuarentena y el desencanto de las parejas pasadas no amputan el impulso para intentar el siguiente fracaso. El mejor perfume de una mujer es el grito desesperado reivindicando lo primario, el placer instintivo, el gusto del deseo, de sentirse deseado.

     Isabel Clara-Simó nos relata en su cuento una anécdota que desata el deseo y pone de manifiestos unas carencias que la comodidad cotidiana camufla. La utilización, puede que accidental, de la lengua en un beso desenmascara los deseos de una señora que es capaz de destruir para negar-negarse ese ardiente iceberg que constituye su deseo. Deseo de deseo es la victoria de la no humanidad, de la no animalidad, de la nada cotidiana en la que sólo reina el dinero.



    Tennessee Williams cierra el libro con el más emocionante delos relatos. Amor, peli de Haneke, invierte los géneros de los protagonistas pero la vejez, el sufrimiento de la consciencia de lo irreversible dela decadencia no sólo no impiden al amor, sino que detona el tranquilo emerger de los sentimientos. En Arena la comprensión ante la ingratitud nos manifiesta que ésta no es sino un síntoma más de la impotencia, de no poder aceptarse como una carga ¿sólo una carga?

jueves, 28 de julio de 2016

"Pecados sin cuento" de Richard Ford.




El cultural de el periódico El Mundo nos ofrece esta entrevista, con motivo de la presentación en español de Pecados sin cuento, con Richard Ford antes de que se le concediera el premio Princesa de Asturias. 

Jueves, 28 de julio de 2016 
El Cultural


Pecados sin cuento

Richard Ford

Traducción de Damián Alou. Anagrama. 358 páginas, 16’50 euros

Afirma Richard Ford (Jackson, 1944) que los relatos de (que aparecieron publicados en New Yorker y Granta) son en realidad crónicas del fracaso de las relaciones sentimentales, y que “fracasamos por falta de paciencia, sinceridad, pasión, honestidad...” Eso sí, como escritor rechaza el papel de juez. Se limita, dice, a ser testigo de tanta infelicidad.


JOSÉ ANTONIO GURPEGUI | 03/07/2003 | 



En la contraportada de este nuevo volumen de relatos de Richard Ford afirma el crítico Bernard Génies de Le Nouvel Observateur que Richard Ford “se está convirtiendo tranquilamente en el mejor escritor norteamericano”. 

Tal vez resulte excesivo calificarlo como “el mejor”, pero sin duda sí que se trata de uno de los autores punteros y, sin menosprecio de El Día de la Independencia, que le valió el Pulitzer, la novela El periodista deportivo o la colección de relatos Rock Spring lo sitúan a la altura del mismísimo Raymond Carver, y no tardarán en ser reconocidas como referentes imprescindibles de la narrativa norteamericana de finales del XX.


En este Pecados sin cuento se incluyen diez relatos (el último de ellos se antoja más novella que relato) en los que abunda en un tema anteriormente tratado en historias como “El mujeriego” o “Celos” incluidas en De mujeres con hombres, esto es, la complejidad de las relaciones de pareja o, a fuerza de ser más precisos, de las implicaciones del desamor y la infidelidad. En el primer relato, “Intimidad”, el protagonista resulta ser un voyeur que se deleita observando a su vecina desnudándose mientras su mujer duerme plácidamente. Tal situación parece metafórica de la postura del propio lector, pues en buena medida es esa misma actitud intrusista la que nos acompaña conforme reconocemos las miserias matrimoniales de unos personajes que intentan dar un nuevo sentido a sus vidas. 

“Esto ocurrió en una época en que mi matrimonio todavía era feliz” (pág. 9) es la primera frase del mencionado relato, y esa será la piedra angular del resto del volumen. ¿Qué ocurre cuando la pasión amorosa se desvanece como la llama de una vela? La infidelidad parece ser la única salida, pero más que una solución es una huida hacia delante. 

El protagonista de “Encuentro” manifiesta que “Lo que ocurrió entre Beth Bolger y yo apenas merece las palabras que se precisarían para contarlo” (pág. 86) y esa es la fundamental premisa estructural. Ford no parece interesado en el proceso o los motivos, sino que se centra en un momento concreto, en un instante determinado, --como el non-teleological thinking de Steinbeck con quien ha sido comparado-, dejando que sea el lector quien saque sus propias conclusiones. 

En esta historia un hombre ve en la estación de Grand Central al marido de una antigua amante, la referida Beth, e intenta entablar una conversación con él. En “Bajo el radar” el matrimonio Reeves acude a una cena; durante el viaje Marjorie, la esposa, le dice a su marido, Steven, que un año antes mantuvo una aventura amorosa con el anfitrión de la cena… “Entonces Steven le pegó. Cuando lo hizo, no sabía que iba a pegarle, pero sí que quería hacerlo.” (pág. 185).

La mejor de todas ellas es “Abismo”, la novella. En ella encontramos a Frances Bilandic, una agente inmobiliaria casada con Ed, mayor e incapacitado a causa de un accidente. Howard Cameron, un colega, se convertirá en su amante. La ciudad de Fénix en Arizona -cada uno de los relatos ocurren en un lugar distinto-, donde se celebra una convención, será el lugar propicio para sus encuentros, aunque todo resulta en fiasco y finalmente acaba en tragedia cuando Frances propone visitar el Gran Cañon. A fin de cuentas “Uno nunca sale indemne de esas cosas.” (pág. 350). Moraleja válida para ésta y el resto de las apasionantes historias del libro. 

martes, 24 de mayo de 2016

"Auronplay, el libro."Auronplay.

    Una alumna me comentó que tras un experimento de psicología se confirmó que las personas que dicen palabrotas, tacos, son más felices que las de lengua comedida. Estoy seguro que esto es aplicable no sólo a las palabras. La desmesura, en especial si es con el lenguaje, libera tensiones y no tienen porque provocar más que ligeros e involuntarios escupitajos. Leyendo, viendo las viñetas, dibujos y fotografías, me acordé de esa alumna al disfrutar de la incontinencia, de Auronplay.
        Esta autobiografía irreverente e ilustrada me parece un ejemplo de cómo debemos tomarnos nuestra propia historia, nuestra familia, el entorno, nuestra profesión... a risa y con la mofa suficiente para no tomarnos en serio. Con Charlie como guía, no conozco los referentes de juegos, youtubers, música, programas de televisión, bebidas, e incluso vocabulario, recorro la joven vida de este exitoso profesional de la comunicación, de sus dudas, de sus conflictos, de sus manías y aficiones, sin pretensiones, sin justificaciones, con las imagines fotográficas, de su familia y propias, retocadas con dibujos. 
        Sin terminar de penetrar en este mundo por no compartir los códigos, desde mi generación x me cuesta manejar el idioma de los nativos digitales z. En cualquier caso letras que simbolizan generaciones, generaciones que son incógnitas a despejar desnudos de arrogancia como nos enseña Auronplay.




martes, 17 de mayo de 2016

"Marc Márquez. La Historia De Un Sueño" Isidro Sánchez-Belén Ortega.


      Si ya nos gustó el cómic de Valentino, 46, y de  Lorenzo, Lorenzo's Land (ambos comentados en este blog), este de Marc Márquez tiene además el valor añadido de estar basado en hechos reales, una verdadera biografía, avalada por la recreación en dibujos de fotografías ya bastante conocidas, como la de Marc de niño con Valentino (mostrada aquí), además de recreaciones de carreras con el dibujo de escenas ya vistas por televisión. Pero lo que quizás llegue a nuestras emociones sea el aspecto íntimo de ese niño, su familia, sus amigos-equipo y sus dificultades y esfuerzos. Estos aspectos, supuestos pero no del todo conocidos, le dan un valor humano con el que nos identificamos.

      Otro aspecto que nos hace esta obra valiosa, más allá de los 20 euros, Sólo los necios confunden valor con precio, es el aspecto documental, no sólo de la vida de Marc, sino sus motos, cascos, monos, y trayectoria deportiva que hace de este cómic casi una obra de consulta.

         Desde sus inicios en motos de enduro con ruedines hasta el año 2013, por lo que no llega a las controversias con Rossi pero sí a sus luchas deportivas y admiración mutua, recorre la trayectoria deportiva con especial atención a sus equipos técnicos, deportivos, físicos, médicos al apoyo de su familia.












"Wigetta. Un viaje mágico" VEGETTA777-WILLYREX


      El mundo de internet no sólo no compite, se alía con la lectura, de forma que se retroalimentan. Los youtubers no sólo no sacan clientes de las librerías y bibliotecas, incluso crean nuevos lectores como lo demuestran el éxito de ElRubiusOMG(ya comentado en este blog) o Auronplay entre otros muchos. Para el que esto escribe casi se produce el fenómeno inverso ya que su lectura, me pareció complicada y fragmentaria, casi me quita las ganas de volver a acoger un libro. Pero el gusto que en esta etiqueta tratamos, Chinijo, lo disfruta. 
       Los dibujos tipo cómic re-explicaban la historia, capítulo a capítulo, de forma innecesaria, aunque a Charlie le parecía estupendo ya que domina los códigos visuales mejor que su padre. En ocasiones demanda el dibujo de algún cuadro, pero nunca hasta el punto de poder denominarse interactividad. La fantasía atropellada parece que se puede entender si se manejan los tópicos de los videojuegos, cosa que el que escribe no controla. Menos mal que al final se consigue cierto sentido y conclusión de la historia que culmina con un selfie en que aparecen todos los personajes.




"Lorenzo's Land" Guión de Jorge Lorenzo y Hector Martí. Dibujos de Estudio Fénix.

       Tras el éxito de 46 el cómic de Valentino Rossi dibujado por Milo Manara(ya comentado en este blog), aparece tras su bandera Lonrenzo's Land. De parecida manera la fantasía no huye de la realidad sino que es un instrumento para adentrarnos en la pieza más compleja de una moto de carrera, la cabeza y fantasía del piloto.
         Las aficiones extramotociclistas, no por ello no deportivas como el tenis, el boxeo, fútbol(compartido con Valentino), toros, periodismo, música...sirve para introducir a sus amigos Nadal, Puyol, Etoó, Stallone, Bisbal... y para enlazar una fantasía basada en el hecho real de la amnesia producida tras una caída. 
       Una cabezadita en el avión le sirve para retomar, y recordar, su condición de piloto de motos, al tiempo que es la excusa para una revisión autobiográfica.
      Los vivos colores y el trazo limpio, junto con un texto mínimo, hacen de este cómic un disfrute, aunque algunos echan de menos el punto erótico de Manara en el cómic de Valentino.




sábado, 14 de mayo de 2016

"Severina" de Rodrigo Rey Rosa.


Para la próxima tertulia proponemos la lectura de este libro, de un autor que aún no conocemos pero que se nos hará familiar. El País nos  presentó así su publicación.


Una obsesión de ida y vuelta, según Rodrigo Rey Rosa

El escritor guatemalteco publica 'Severina', el amor improbable entre un librero y la ladrona que roba en su tienda.



         El insecto que vuela hacia la llama ignora el epílogo inevitable de su destino. Solo desea acercarse a la luz, sin saber que acabará quemado. El narrador de Severina(Alfaguara) seguramente sea más consciente del peligro que conlleva abandonarse a su obsesión por una clienta misteriosa de su librería. No obstante, no logra resistirse a la pasión destructiva que arrastra su vida hacia la de Severina y tiñe con un pincel siniestro e irrefrenable la última novela del escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa.
En una especie de síndrome de Estocolmo al cuadrado, Severina cuenta la historia de un hombre que acaba enamorándose de su peor enemigo. Un librero, loco por una ladrona de libros. El mundo al revés, hasta cierto punto. "Oscar Wilde decía que uno mata lo que ama. En este caso lo que amas te mata. Te libera y te destruye a la vez", explica Rey Rosa en el patio interior de un hotel madrileño. Así, la entrada de la mujer en la librería del narrador despierta en este una atracción fatal que va creciendo a lo largo de las 104 páginas de la novela. Espectro fugaz, Severina aparece y desaparece a su antojo, va y viene en la vida del hombre. Y siempre que se marcha, deja huellas tanto en el narrador como en las estanterías.
Siguiendo las pisadas de Severina, Rey Rosa se aventuró por el sendero que llevaba a la conclusión de su novela. "No sabía cómo acabaría el libro: prefiero imaginar mientras escribo. A veces piensas en una escena y luego la pluma te traiciona y te sugiere otra vía. Lo mejor es el camino, cómo se llega del principio al final", asegura Rey Rosa. Habla despacio el escritor, muy despacio. Cuesta entender cuándo ha acabado el concepto y es el momento para otra pregunta. Curiosamente, lo mismo le sucede a él con sus obras: "Es difícil saber cuándo dejar un libro, pero llega un tiempo en el que tienes que rendirte. Eso sí, al terminar siempre te sientes frustrado y liberado a la vez".
       La frustración se debe al perfeccionismo del escritor. "Con más talento, más paciencia y más aplicación se podría haber hecho algo mejor", afirma Rey Rosa. Sin embargo el alivio de haber alcanzado la meta y la conciencia de haber cerrado una etapa son la recompensa por meses de tensión. O algo menos, como en el caso de Severina. "Escribía a todas horas, a mano y compulsivamente. Tardé más o menos un mes", recuerda Rey Rosa. Algo más le costó revisar las cruces que, cuenta, suele dejar al lado de expresiones que no le convencen. Terminado el pastel y puestas las guindas, solo quedaba guardarlo en la nevera. Allí se quedó Severina durante un año. "Es una buena práctica dejar descansar los libros. Los ves desde otra óptica", explica Rey Rosa.
      "Al terminar una obra a veces te enfrentas al vacío, hasta que no surja una idea nueva", dijo una vez Rey Rosa. Lejos de la desesperación que experimenta el protagonista en las ausencias de Severina, el escritor ocupa con la traducción las pausas que se toma la musa de su inspiración. "Normalmente alterno un libro mío y uno traducido. Es muy útil para encontrar recursos. Respecto a la creación, sientes menos angustia pero puede ser un proceso más largo y complejo, sobre todo si respetas la obra que traduces", sostiene Rey Rosa.
     Más que respeto es lo que siente el guatemalteco hacia el escritor estadounidense Paul Bowles, cuyos textos ha llevado al español. Se conocieron en Tánger, en un taller literario. De entrada, les unía lo poco que puede acomunar un conocido profesor de 70 años y un joven alumno guatemalteco, pero Borges fue la llave que abrió su amistad. "Paul nos preguntó por nuestros autores favoritos y yo dije el nombre del argentino", cuenta Rey Rosa. Varias traducciones después, de Bowles el escritor guatemalteco espera haber adquirido "la precisión y la claridad. Por muy desquiciado que sea el mundo hay que contarlo con una prosa controlada".
Posiblemente la patria de Rey Rosa sea de los lugares más desquiciados del planeta. Al hablar de Guatemala el escritor de repente se anima. Va más deprisa, tiene mucho que contar. "Es deprimente. A no ser que haya un milagro, tienes la sensación de que nada pueda cambiar", asegura. Y pone tres ejemplos que concretan su rabia: "Cada día desayunas con 5 fallecidos en los periódicos. Hay más muertos por arma de fuego que en la época de la guerra [1960-1996] y un enviado de la ONU dijo que si fuera un criminal se iría a vivir a Guatemala". Difícil no estar de acuerdo, ya que el 98% de los delitos cometidos en este país queda impune. Solía decirlo el magistrado español Carlos Castresana, exjefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que acabó huyendo del país debido a las amenazas sufridas. "Le declararon guerra porque no quieren que se investiguen los crímenes", relata Rey Rosa.
Pese a todo, el escritor se apresura a subrayar que "el 90% de la gente de Guatemala es normal". A ese porcentaje pertenece Rey Rosa, aunque él también cometió un delito que no fue castigado: "Robé una edición bilingüe Elegías de Duino, de Rainer María Rilke, de una pequeña librería de Berlín. Pero ya habrá prescrito, ¿no?".
* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de julio de 2011.

"Escapada" de Alice Munro.

      Pocas veces Almodóvar adapta textos ajenos (Carne trémula y La piel que habito) pero nos es grato que lo haga de una obra que nos estamos leyendo y que, además, propusimos para comentar en nuestra tertulia. Los relatos de Munro ya nos plantearon sutiles sugerencias sobre las relaciones humanas y el paso del tiempo mediante un estilo invisible, efectivo y poco efectista en Mi vida querida. En la ocasión que nos ocupa, Escapada, los relatos presentan una heterogeneidad menos evidente y la novedad que tres de ellos tienen personajes comunes que viajan en el tiempo planteándonos dilemas morales sobre la responsabilidad y culpa, la maternidad, la soledad, el sexo como atracción y reproducción(nunca como coito), incluso sobre las creencias religiosas contemporáneas. 





     El viernes 13, sin siquiera darnos cuenta de la tradición anglosajona, de 2016 nos reunimos Tomás, MaríaJosé, Maive, Lourdes y Domingo (Calola no pudo asistir por estar con su madre, tampoco Ana). A pesar de las premuras del final de curso y el cansancio acumulado El Farracho (parece que significa soponcio) nos recibió con unas cervezas que apartaron la tradicional caña del centro de nuestro interés. Tras esta agradable sorpresa (dos Chutney y una Socarrada de miel y romero) una ensalada de berros con coscorrones al horno y aroma de cítricos  nos deslumbró, como también lo hizo la cremosidad de las croquetas de boletus y más variedades, pero lo que gustó mucho (en especial a Lourdes) fue las alcachofas con foie al aroma de guarapo, sorprendiero (a pesar de las calorías que incomodaron a Tomás) lacitos de crugientes de de chorizo de perro, seguimos (algunos ya llenos) con secreto ibérico en su punto con miel, calamares con pesto de almendras. Acabamos con los postres consistentes en helado de oreo y crema de chocolate que por la hartura y el placer previo apenas disfrutamos. El surtido de pan y excelente ceite de oliva nos acompañó durante toda la cena, así como la amabilidad del personal. MaríaJosé eligió el ya acostumbrado Rivera del Duero, en este caso dos Nexus One que colaboró a soltarnos la lengua. Los 124,85 euros, que por cabeza tocó a 25, se pagaron con gusto ante la experiencia gastronómica que nos sugirió Calola.

     Costó introducirnos la plática sobre el libro,. El cansancio del viernes noche, el transcurso del curso, y, hay que decirlo, el estilo de Munro no facilitaron la discusión. Lamentamos todos no haber visto, tras la lectura, la adaptación de Almodóvar (inicialmente la pensó en el original inglés pero luego no sólo adaptó sino que también tradujo a las imágenes peninsulares).
         Lourdes defendió con entusiasmo, ya desde Mi vida querida, la precisión y sutileza del estilo de Alice que requieren una relectura detenida ya que pasa meritoriamente inadvertido. Maive destacó la variedad de los temas, así como la valentía para relatar emociones producto de relaciones íntimas muy difíciles de poner sobre un papel ( o artilugio) en blanco. Domingo, valorando las otras opiniones, buscó la sal y la pimienta para aderezar el aceite de oliva, lo que aprovechó para resaltar la sosería de la señora canadiense. MaríaJosé echó de menos la disponibilidad de la obra en su inglés original ya que con la traducción perdía mucho, esta opinión fue corroborada por Maive. Domingo recordó el parecido de una de las portadas de Escapada con la foto de portada de otro de los libros importantes de la tertulia, Saber perder. También le resultó extraño la ausencia, más bien desapariciones, de los personajes masculinos, así como su someras descripciones, en especial del personaje que ofrece compañía a la protagonista. A esto MaríaJosé y Maive respondieron que de ofrecer compañía nada de nada, que se tratan de invasiones sexista del espacio propio, en espeical cuando se está leyendo en los medios de transporte públicos o en la playa. Maive también destacó como los prejuicios sobre el no matrimonio estaban arraigados en las comunidades rurales americanas, coexistiendo con ideas y y actitudes curiosas y progresistas pero plegadas a la moralina dominante. La idea de maltrato consciente o maltrato producto de una personalidad poco desarrollada y débil se planteó en la discusión del relato que titula la  colección, así como la cobardía de la traición debido al arrepentimiento de La escapada.
        Tras la copiosa cena nos despedimos desde una de las esquinas que hacen posible que La Laguna tenga el título de Patrimonio de la Humanidad.













sábado, 16 de abril de 2016

     Lourdes nos propone una lectura que acredita con la siguiente reseña publicada en Babelia, suplemento   cultural   de    El País     el 27 de noviembre de 2015.



Este libro nos acaricia

William Boyd seduce con una trama redonda escrita con solidez: la historia de una fotógrafa que recorre el siglo XX.



Oswald Mosley, en Londres en 1939. Popperfoto (Getty)

Ningún título más apropiado para esta novela, Suave caricia, porque eso es lo que siente el lector cuando la lee. ­William Boyd cuenta en ella la historia personal de Amory Clay, nacida al comienzo del siglo XX en una familia compuesta por el padre, un modesto autor teatral y hombre de letras que, tras la Primera Guerra Mundial, queda seriamente afectado y alejado de la familia; la madre, una mujer tradicional y de carácter, y los hermanos de Amory, Elizabeth y Xan. A diferencia de su hermana Elizabeth, que recibe estudios superiores de música, Amory, una vez que abandona el colegio, debe buscarse la vida y a ello la ayudará su tío Greville, un reputado fotógrafo de sociedad que le regala una cámara y la introduce en la revista BeauMonde.
A partir de este comienzo, Amory, una muchacha valiente y decidida, comienza a labrarse una reputación profesional e inicia un periplo por el mundo, cámara al brazo, que cubre el Berlín de los años veinte, la Nueva York de los treinta, asiste a las tropelías de la escuadras fascistas de sir Oswald Mosley de vuelta a Londres, donde es brutalmente agredida, cubre el final de la Segunda Guerra Mundial desde París y, convertida en corresponsal de guerra, acude a Vietnam en el que será su último trabajo periodístico. Después se retira a una isla al norte de Escocia y su última salida, personal, es a Estados Unidos en pos de su hija Blythe, instalada en una especie de secta. Ya de vuelta a Barradale, le tocará mirar a la muerte de cara.




La novela está toda ella escrita en función del personaje Amory y desde su punto de vista. El relato cronológico de su vida se ve interrumpido regularmente por el relato en presente de su vida en la isla a la que se ha retirado. Es un contraste bien utilizado, pues si su vida es un torbellino de situaciones, la estancia en el refugio de Barradale muestra a una persona deudora de su propia historia y ya cansada que, sin embargo, no dudará en acudir al lado de su hija en cuanto sospecha que su vida está siendo secuestrada por un grupo naturalista y aislacionista.
Si echamos una ojeada a las fechas de su vida (1908-1983), veremos que alguien que ha estado en el vientre del siglo mientras éste deglutía el fin del Ancien Régime, la ruinas de Europa, el nazismo, la Guerra Fría… y hasta la revolución hippy. Sin embargo, todos estos acontecimientos son sólo el decorado ante el que se desarrolla su vida; digo decorado y no escenario porque los sucesos históricos la afectan relativamente, ya que son su vida profesional y sus amores los que predominan mientras la historia se convierte en un telón de fondo ante el que se representan esa vida y esos amores. Sólo su paso por la guerra de Vietnam, ya en la edad madura, contiene la intensidad dramática que se echa de menos en lo anterior. Quizá porque el ego, coherentemente, ha dado paso a una mirada más amplia.
Lo que la novela gana en anécdota lo pierde en hondura. En su soltura, Amory Clay es un personaje atractivo, pero no profundo. Sus conflictos dramáticos están relatados con una escritura brillante y solvente al servicio de una historia que produce una cierta sensación de déjà vu. Pero en lo que siempre destaca Boyd es en su capacidad de seducción y en la habilidad extraordinaria para construir una trama redonda, bien contada y que se lee sin desmayo a lo largo de más de 500 páginas.
Suave caricia. William Boyd. Traducción de Damià Alou. Alfaguara. Madrid, 2015. 552 páginas. 20,90 euros.




Con lecturalia aprendemos algo del autor.
William Boyd nació en Accra, Ghana, el 7 de marzo de 1952, en una familia de descendencia escocesa.  Pasó su infancia en Ghana y en Nigeria, y fue testigo de la Guerra de Biafra nigeriana. Se educó en el Colegio de Gordonstoun en Escocia y luego estudió en las universidades de Niza y de Glasgow. Obtuvo su doctorado en Literatura Inglesa en Oxford.
Es doctor honoris causa de las universidades de St. Andrews, Stirling y Glasgow, y miembro de la Real Sociedad de Literatura británica y Oficial de la Orden de las Artes y las Letras francesa. Mientras ejercía la docencia publicó su primera novela, A Good Man in Africa (Un buen hombre en África, 1981), y desde entonces se dedicó plenamente a la creación de novelas y guiones televisivos y cinematográficos. Varias de sus obras se han adaptado a televisión.
Ha sido galardonado con múltiples premios: el James Tait Black Memorial por Brazzaville Beach (Playa de Brazzaville, 1990), el Los Angeles Times por Blue Afternoon (La tarde azul, 1993) y el Jean Monnet por Any Human Heart (Las aventuras de un hombre cualquiera, 2002), entre otros. Casado con una editora jefe de la conocida revista Harper’s Bazaar, a la que conoció en la Universidad de Glasgow, Boyd es también notorio por su excelente producción vinícola.