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viernes, 22 de septiembre de 2017

"Tu no eres como otras madres" de Angelika Schrobsdorff.


 Begoña nos propone la siguiente lectura para la tertulia. Babelia suplemento cultual de El País nos lo presenta con la pluma emocionada de Andrés Trapiello.

Más que una vida

Schrobsdorff firma un fascinante libro sobre el viaje al infierno de unas gentes que se creyeron alemanas antes que judías.







Imagen de Berlín en los años 20.


Imagen de Berlín en los años 20.

La autora de este libro no pudo titularlo mejor: Tú no eres como otras madres. Y uno añadiría: y tú, lector, lectora, no has leído nunca un libro como este. Yo, al menos, no lo había hecho. Es un libro fascinante, abrumador, único. Casi no parece ni un libro (a tanto desprestigio puede llegar la literatura cuando se mide con la vida).
Veamos: trata de unas gentes que se creyeron alemanas antes que judías, lo que les resultó aún más doloroso cuando comprobaron que las iban a tratar sólo como judíos, desposeyéndolos de su dignidad para poder destruirlos. La Shoah. Su autora, Angelika Schrobsdorff, estuvo casada con Claude Lanzmann, autor precisamente de Shoah, la mítica película del Holocausto. Y lo que se cuenta aquí forma parte de ese relato universal e ­inabarcable que parece ir completándose con tanto dolor desde hace 80 años, cada día más extenso y cada día más vivo: como un universo en permanente expansión.
Sucede aquí lo mismo que con otras grandes obras: aunque pueda leerse como una novela (difícil encontrar un momento propicio para interrumpir su lectura), sabemos que se trata de las memorias de una persona, y por tanto, un relato veraz de un tiempo (el de antes, durante y después del III Reich) y unas ciudades (Berlín primero, Sofía después) dominados por millones de fanáticos (“el pueblo alemán” tal y como lo presentaron los jerarcas del partido nazi, y los Gobiernos europeos controlados por las SS) que terminaron reduciendo a millones de personas, entre ellas los principales personajes de estas páginas, a su condición racial, con el único propósito de acabar con ellas.



Sucede lo que con otras grandes obras: aunque pueda leerse como novela, sabemos que son las memorias de una persona
No hay una vida igual a otra, ni ninguna resulta insignificante cuando se la mide con ese implacable metro iridiado que es el sufrimiento. Y basta que alguien cuente sin retórica su vida para que se produzca algo tanto o más fascinante que el principio que rige la ficción, o sea, algo tan seductor como el argumento y el sentido narrativo con el que se presentan las novelas: la verdad. Ese es el punto de la indecidibilidad: nadie podría decidir si eso que lee es una novela o un relato verídico, como advertimos en la famosa “novela” del cautivo que aparece en el Quijote: ¿es una ficción o la confesión autobiográfica de Miguel de Cervantes?
Más que una vidaLa verdad aquí es además extraña: unas gentes privilegiadas (la madre judía de la autora, su padre ario, los amantes de su madre, los amigos, casi siempre bajo el mismo techo) viven la locura feliz de los años veinte. Lo tienen todo (juventud, salud, dinero; un paraíso en el que no faltan chóferes, casas de campo y fiestas al servicio de una geometría amorosa que explora sin noción de pecado, para eso es un paraíso, en toda clase de triángulos y paralelepípedos mientras Alemana ha empezado a devorarse a sí misma en un incendio devastador y centrípeto), y sólo cuando empiezan a perderlo se dan cuenta de su propia responsabilidad en el desastre.








La autora, una muchacha entonces (nació en 1927 y vive aún), con esa atención extrema que acaso nunca tengamos tan acusada como en la infancia y la juventud, comprueba una y cien veces que, de todo el cuerpo humano, la memoria es el órgano que más daño nos hace y más felicidad puede proporcionarnos. “Malditos recuerdos, cristalinos y truculentos”, creo que dice en algún momento. Dicha y desdicha suelen ir juntos, advertimos a lo largo del libro. Por eso vemos a su autora cuadrar un círculo, tal y como hizo en el campo del ensayo Hannah Arendt al abordar la responsabilidad de los Consejos Judíos en la “solución final”.
Han pasado los años y aún seguimos preguntándonos cómo llegó a suceder todo aquello, y lo hacemos porque las respuestas ni son definitivas ni son sencillas.
De eso da cuenta este libro autobiográfico que en ocasiones puede llegarnos a parecer una novela por la trepidante sucesión de hechos, propios de esta clase de relatos (delaciones, detenciones, peligros, miedo, muertes, casualidades): daríamos tres vidas, si las tuviéramos, para volver a vivir aquellos momentos breves e irrepetibles de felicidad suprema de la única que tenemos. La felicidad de un paraíso que acabó en infierno. El relato de ese viaje, del paraíso al infierno, es el único modo de salir de este. De eso trata este libro memorable.

Tú no eres como otras madres.  Angelika Schrobsdorff. Traducción de Richard Gross. Periférica & Errata Naturae. Cáceres / Madrid, 2016. 592 páginas. 24,50 euros






Angelika Schrobsdorff de adolescente en Bulgaria. 
Angelika Schrobsdorff de adolescente en Bulgaria.

sábado, 16 de abril de 2016

"Suave caricia" de William Boyd.

     Lourdes nos propone una lectura que acredita con la siguiente reseña publicada en Babelia, suplemento   cultural   de    El País     el 27 de noviembre de 2015.




Este libro nos acaricia

William Boyd seduce con una trama redonda escrita con solidez: la historia de una fotógrafa que recorre el siglo XX.




Oswald Mosley, en Londres en 1939. Popperfoto (Getty)

Ningún título más apropiado para esta novela, Suave caricia, porque eso es lo que siente el lector cuando la lee. ­William Boyd cuenta en ella la historia personal de Amory Clay, nacida al comienzo del siglo XX en una familia compuesta por el padre, un modesto autor teatral y hombre de letras que, tras la Primera Guerra Mundial, queda seriamente afectado y alejado de la familia; la madre, una mujer tradicional y de carácter, y los hermanos de Amory, Elizabeth y Xan. A diferencia de su hermana Elizabeth, que recibe estudios superiores de música, Amory, una vez que abandona el colegio, debe buscarse la vida y a ello la ayudará su tío Greville, un reputado fotógrafo de sociedad que le regala una cámara y la introduce en la revista BeauMonde.
A partir de este comienzo, Amory, una muchacha valiente y decidida, comienza a labrarse una reputación profesional e inicia un periplo por el mundo, cámara al brazo, que cubre el Berlín de los años veinte, la Nueva York de los treinta, asiste a las tropelías de la escuadras fascistas de sir Oswald Mosley de vuelta a Londres, donde es brutalmente agredida, cubre el final de la Segunda Guerra Mundial desde París y, convertida en corresponsal de guerra, acude a Vietnam en el que será su último trabajo periodístico. Después se retira a una isla al norte de Escocia y su última salida, personal, es a Estados Unidos en pos de su hija Blythe, instalada en una especie de secta. Ya de vuelta a Barradale, le tocará mirar a la muerte de cara.







La novela está toda ella escrita en función del personaje Amory y desde su punto de vista. El relato cronológico de su vida se ve interrumpido regularmente por el relato en presente de su vida en la isla a la que se ha retirado. Es un contraste bien utilizado, pues si su vida es un torbellino de situaciones, la estancia en el refugio de Barradale muestra a una persona deudora de su propia historia y ya cansada que, sin embargo, no dudará en acudir al lado de su hija en cuanto sospecha que su vida está siendo secuestrada por un grupo naturalista y aislacionista.
Si echamos una ojeada a las fechas de su vida (1908-1983), veremos que alguien que ha estado en el vientre del siglo mientras éste deglutía el fin del Ancien Régime, la ruinas de Europa, el nazismo, la Guerra Fría… y hasta la revolución hippy. Sin embargo, todos estos acontecimientos son sólo el decorado ante el que se desarrolla su vida; digo decorado y no escenario porque los sucesos históricos la afectan relativamente, ya que son su vida profesional y sus amores los que predominan mientras la historia se convierte en un telón de fondo ante el que se representan esa vida y esos amores. Sólo su paso por la guerra de Vietnam, ya en la edad madura, contiene la intensidad dramática que se echa de menos en lo anterior. Quizá porque el ego, coherentemente, ha dado paso a una mirada más amplia.
Lo que la novela gana en anécdota lo pierde en hondura. En su soltura, Amory Clay es un personaje atractivo, pero no profundo. Sus conflictos dramáticos están relatados con una escritura brillante y solvente al servicio de una historia que produce una cierta sensación de déjà vu. Pero en lo que siempre destaca Boyd es en su capacidad de seducción y en la habilidad extraordinaria para construir una trama redonda, bien contada y que se lee sin desmayo a lo largo de más de 500 páginas.
Suave caricia. William Boyd. Traducción de Damià Alou. Alfaguara. Madrid, 2015. 552 páginas. 20,90 euros.




Con lecturalia aprendemos algo del autor.
William Boyd nació en Accra, Ghana, el 7 de marzo de 1952, en una familia de descendencia escocesa.  Pasó su infancia en Ghana y en Nigeria, y fue testigo de la Guerra de Biafra nigeriana. Se educó en el Colegio de Gordonstoun en Escocia y luego estudió en las universidades de Niza y de Glasgow. Obtuvo su doctorado en Literatura Inglesa en Oxford.
Es doctor honoris causa de las universidades de St. Andrews, Stirling y Glasgow, y miembro de la Real Sociedad de Literatura británica y Oficial de la Orden de las Artes y las Letras francesa. Mientras ejercía la docencia publicó su primera novela, A Good Man in Africa (Un buen hombre en África, 1981), y desde entonces se dedicó plenamente a la creación de novelas y guiones televisivos y cinematográficos. Varias de sus obras se han adaptado a televisión.
Ha sido galardonado con múltiples premios: el James Tait Black Memorial por Brazzaville Beach (Playa de Brazzaville, 1990), el Los Angeles Times por Blue Afternoon (La tarde azul, 1993) y el Jean Monnet por Any Human Heart (Las aventuras de un hombre cualquiera, 2002), entre otros. Casado con una editora jefe de la conocida revista Harper’s Bazaar, a la que conoció en la Universidad de Glasgow, Boyd es también notorio por su excelente producción vinícola.

viernes, 18 de diciembre de 2015

"París 2041" de Ezequiel Szafir.

el Periódico nos presenta una novela que puede contribuir a un diálogo con la Houllebecq.


Ezequiel Szafir visita el futuro en 'París 2041'
El autor recurrre al pasado europeo en su novela de aires orwellianos.
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Ediciones B publica mañana 'París 2041' de Ezequiel Szafir, vicepresidente de Amazon Europa.
EVA CANTÓN / PARÍS
MIÉRCOLES, 6 DE MAYO DEL 2015.
Al vicepresidente de Amazon Europa parece que se le da bien rentabilizar el tiempo. De la conversación con un taxista en París ha extraído una novela de casi 400 páginas que plantea un futuro con aroma de pasado en el que ahora los que viven en guetos, en vez de judíos, son musulmanes. Ezequiel Szafir (Buenos Aires, 1971) describe enParís 2041 (Ediciones B) el manual de uso de cualquiera de las dictaduras que en el mundo han sido. De aires orwellianos, los drones sobrevuelan las calles en las que el lector tropieza con neonazis, francotiradores y miembros de la Resistencia hasta que llega el momento de la liberación (otra vez) de París. Mientras pasea bajo un sol generoso por el barrio que en tiempos de Zola habitaban los obreros y en el que ahora la población argelina se mezcla con el París más bobo (bohemio burgués), Szafir repasa los escenarios de la novela. También sus símbolos.
La Zona Libre
Como el del canal del Ourcq, que permite a uno de los personajes deParís 2041 una perfecta huída. «La vida alrededor del canal tiene el simbolismo del agua, es integrador. Pero la dictadura lo transforma en un lugar sin vida. Desaparecen los barcos y de los puentes cuelgan carteles como eslóganes, para que la sociedad no cuestione nada», dice el escritor. Es en esa frontera marcada por la presencia del agua donde los protagonistas se adentran en el gueto, en la llamada Zona Libre, a la que se accede con una tarjeta codificada. Marca también un «juego de ida y vuelta», una separación entre «ellos y nosotros», un espacio del que desaparecen los móviles y se regresa al mundo de los libros en papel, un guiño nostálgico. «Intento recuperar el romanticismo de la vida que hemos perdido. Lo que el Gobierno hace como método de presión, acaba siendo una bendición. Cuando la madre de uno de los personajes, Farida, se desespera, le tiene que enviar una carta». Y es el lugar en el que se erige un muro que para Szafir es mucho más que una metáfora. «Estar dentro y fuera del muro es parte de la narrativa social europea de los últimos mil años. El invento del muro no es de Berlín». Es como si Szafir usara el proceso de escritura para pensar, cargado de una sensibilidad social que supera la literaria. «Desde fuera Europa se ve como un continente que considera obvia la democracia y la paz. Pero cualquiera se da cuenta de que la paz es una excepción en la historia europea y la democracia algo totalmente nuevo para los europeos, no una tradición milenaria». Juega también con la idea de que la Historia, con mayúsculas, puede repetirse y se hizo el siguiente planteamiento: «Si puedo escribir el futuro repitiendo el pasado, es que algo anda mal».
Un futuro que arranca en 1935
Y puede que sea así, reflexiona el autor argentino afincado en Luxemburgo. «El futuro que he escrito arranca en 1935. En lugar de quemar sinagogas en la noche de los cristales rotos, quemo mezquitas. Y la reacción del Gobierno para proteger a los musulmanes es colocarlos en un gueto. Todo eso sucede de forma tan coherente en la novela que asusta, porque no tengo que inventar nada. Es repetir la historia en la Europa moderna, agregando drones y libros electrónicos». ¿Revivir el pasado llevándolo al futuro para mejorar el presente?. Puede. En todo caso, el directivo de Amazon cree que su generación tiene la obligación de rendir homenaje a quienes lucharon para que hoy podamos gozar de una libertad antes impensable. «Yo no sé si la democracia es más frágil de lo que creemos. En todo caso no se habla de ello. Se da por sentado que somos demócratas. Y cuando la gente puede votar a Le Pen sin cargo de conciencia es que tan demócratas no somos», dice.
El paseo de Szafir prosigue por el canal hasta llegar al café con la fachada pintada de azul en el que escribió varios de los capítulos de una novela armada en bares, hoteles, aviones y en casi todas las ciudades europeas. «Es una cuestión de disciplina», recuerda después de hablar de su peculiar relación con los personajes. «A veces los protagonistas hacen algo que no quiero que hagan o dicen lo que no quiero que digan y me enojo muchísimo, porque me da vergüenza que digan ciertas barbaridades, pero no puedo cambiarlo porque el lector huele las mentiras en el personaje, que llega a cobrar vida propia». Pero enseguida se reconcilia con ellos y el también periodista esboza otra teoría. «Lo que tiene de bueno la ficción -y que no tiene el periodismo- es que no tienes que pedir ni permiso ni perdón. Te puedes divertir poniéndole a un hijo de puta el nombre de Cousteau o meter frases de Perón en el texto».
Generar debate

Tras la novela histórica Marina de Buenos Aires (2004), Szafir espera de su ficción parisina que no pase desapercibida para el lector. «Sería para mí una pesadilla». «El éxito de la novela sería generar debate. La conclusión que saque el lector me da igual. Se trata de que genere más preguntas que respuestas. Eso una obviedad porque no hay respuestas». Y después de Francia, le toca el turno a España, escenario de su próximo relato. «España también tiene cuentas pendientes consigo misma y es una sociedad sin resolver, como muchas. Pero, como inmigrante en España, --soy sudamericano, argentino y judío-- me he sentido terriblemente cómodo en todo momento. Meterme con España me cuesta un poquito. Con Francia es más fácil», bromea.

     Las lecturas deberían contribuir al diálogo y a la reflexión, más interesante es cuando cumplen esta misión en diálogo consigo mismas. Esto lo preveíamos cuando nos leímos Sumisión de Michel Houllebecq y ahora lo podemos confirmar. En la obra de Houllebecq sucedía que en un a Francia futura ganaban las elecciones la representación política de la creciente población islámica, encargándose, ese gobierno musulmán, de forma prioritaria de la educación con la consiguiente segregación de sexos. La presentación de Sumisión se tuvo que postergar por coincidir con los atentados de París de noviembre de 2015, pero lo leímos y realizamos la reseña junto con una entrevista a Houllebecq realizada por El País. En la ficción histórica de Szafir el triunfo electoral no es de los musulmanes sino que el miedo a ese triunfo hace que la ultraderecha racista gane las elecciones y aplique una política de protección de las minorías internándolas en campos de concentración cercados en pleno París. Ante ese hecho se organiza una resistencia francesa, musulmana y judía con colaboracionistas de otras procedencias.
      La ambientación parisina de la novela y el clima de ocupación nos provoca una sensación de Segunda Guerra Mundial, aunque plagada de drones y lectores de cuerpo e irirs, el riesgo y la lucha hacen que la acción no decaiga y el hambre de lectura crezca. Los sentimientos de las historias personales, dentro de la gran historia de la guerra de resistencia, nos introduce en historias de amor en varias forma: sexual, amistad, filial... por lo que no se descuida los sentimientos en pos de la narración política. Pero el grueso de la obra es de marcada intención política y de un tono de advertencia y alarma ante el desprecio por las minorías y los derechos más elementales como ocurrió en otra época.
       Esta lectura nos ofrece una novela de guerra y espionaje al tiempo que nos invita a una reflexión política que por ser urgente no debe caer en apresuramientos, en diálogo potencialmente constructivo con la cisión complementaria de Houllebecq. 

domingo, 19 de julio de 2015

Verdad-ficción.

       Babelia la sección de libros de El País nos invita a reflexionar sobre verdad y ficción a través de su redactora Berna González Harbour para ello recurre a tres obras y a los autores que le respondieron a sus cuestiones. La publicación es de ayeer 18 de julio de 2015 día en el que celebramos el nacimiento de Nelson Mandela.

                   María José nos lo aporta y agradece a su compañera Ángeles la sugerencia.
 



La verdad, esa gran versión

La alianza entre realidad y literatura es un matrimonio tan frágil como fantasioso. Tres grandes de las letras, J. M. Coetzee, Janet Malcolm y David Shields, reflexionan sobre ello.


Ilustración de Fernando Vicente.
¿Verdad o versión? La alianza entre realidad y literatura, entre lo vivido y lo contado, es un matrimonio tan inquebrantable como tambaleante. Y fantasioso. ¿O acaso alguien puede poner la mano en el fuego por la autenticidad de un recuerdo, de una historia, o por la originalidad de una frase, una trama, una obra? Las sensacionesPUEDEN ser dignas de creer, y ni con esas, pero los episodios de la vida propia y ajena trasladados al ISBN pueden ser espejos cóncavos de los que no hay que fiarse. Las razones últimas de la creación están, o pueden estar, en la deformación.
Tres escritores en mayúscula y una lúcida psicóloga reflexionan desde distintos puntos de vista sobre la verdad y la literatura en sendos libros imprescindibles para frikis de un género minoritario, sí, pero irresistible: la escritura sobre la escritura. Sobre el arte, sobre los motores de la creación. Son:Cuarenta y un intentos fallidos, de Janet Malcolm (Debate); El buen relato, que recoge un intenso debate entre el Nobel de Literatura J. M. Coetzee y la psicóloga Arabella Kurtz (Literatura Random House), y Hambre de realidad, de David Shields (Círculo de Tiza). A través de estilos y géneros dispares, pero todos situados en el terreno de la no ficción (reportajes, correspondencia y una colección deTESIS y aforismos), los cuatro autores miran hacia el interior de sí mismos o de sus personajes en busca de algo tan difícil de agarrar como el modo y la razón por los que, en medio de la confusión, escribimos, pintamos, creemos en el arte.
“No existe lo real como algo acordado; solo hay versiones de la realidad”, responde David Shields (Los Ángeles, 1956). “Me interesan la escritura y la lectura como unaMETÁFORA de la condición humana”.
SuLIBRO Hambre de realidad es una bazuca de ideas brillantes y amontonadas, a veces contradictorias, frases que provocan y despistan, pero que actúan como un concurso de moldes que compiten entre sí para darnos un encaje. Por ejemplo: “El arte no es la verdad, el arte es la mentira que nos permite reconocer la verdad”.

El buen relato de Coetzee

ElPREMIO Nobel de Literatura J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940) explica así a Babelia su trabajo en el libro que firma con Kurtz:
- El buen relato no es un libro de filosofía, sino un libro sobre la psicoterapia y el lugar de la ficción -cuentos, relatos- en la terapia. Las cuestiones que aborda no son abstractas sino prácticas. Cuando visitamos a nuestro terapeuta y le contamos lo que ha sucedido en nuestras vidas durante la última semana, ¿tratamos de convertir esa historia en un artificio bien construido, para lo que pasamos a toda velocidad por los días en los que no ha sucedido nada y damos más dramatismo a los otros en los que sí ocurrieron muchas cosas? ¿O, por el contrario, debemos ser neutrales, objetivos, esforzarnos por contar una verdad que cumpla los criterios de los tribunales: toda la verdad y nada más que la verdad?
¿Qué relación tenemos con la historia de nuestra vida? ¿Somos el autor consciente, o debemos considerarnos meramente una voz que emite un torrente de palabras procedente de nuestro interior? Sobre todo, dado el volumen de recuerdos que almacenamos, ¿qué deberíamos dejar fuera cuando contamos esa historia, sin olvidar la advertencia de Freud de que lo que decidimosOMITIR puede ser la clave de nuestra verdad fundamental?
Desde el punto de vista del terapeuta, ¿debemos exigir al paciente que afronte la verdad sobre sí mismo o, por el contrario, nuestraPROFESIÓN nos da libertad para colaborar o conspirar con el paciente a la hora de crear un relato de su vida --una ficción, sin duda, pero una ficción fortalecedora-- que le haga sentirse a gusto consigo mismo, lo bastante bien como para salir al mundo y ser capaz de amar y trabajar?
En nuestra cultura liberal y postreligiosa, tendemos a pensar en la imaginación narrativa como una fuerza benigna que está en nuestro interior. Pero existe una opinión opuesta, que la imaginación es una facultad que utilizamos para elaborar, para nosotros y nuestro círculo, el relato que más nos conviene, un relato que justifique cómo nos hemos comportado en el pasado y cómo nos comportamos en elPRESENTE, una historia en la que nosotros solemos tener razón y los demás suelen no tenerla.
Otro: “Consciente o inconscientemente, manipulamos nuestros recuerdos para incluir uOMITIR ciertos aspectos. ¿Son nuestros recuerdos ficciones?”.
De recuerdo y ficción escriben a fondo Coet­zee (Ciudad del Cabo, 1940) y Arabella Kurtz (catedrática en Leicester) en El buen relato, un libro que navega del planeta “Psicoanálisis” al planeta “Literatura” como el Halcón Milenario en manos de Han Solo: con fluidez en zonas procelosas; con honestidad en la misión, y con honda complejidad sin que nos demosCUENTA. También despista: si uno busca literatura, encontrará psicoanálisis, y si busca psicoanálisis, hallará literatura. Pero la conclusión final será que en ambos planetas hay vida, agua, oxígeno. O en términos literarios: más versión y deformación que verdad. Lo explica Coetzee en su respuesta a Babelia:
Imaginación a conveniencia
“En nuestra cultura liberal y posreligiosa tendemos a pensar en la imaginación narrativa como una fuerza benigna que está en nuestro interior. Pero existe una opinión opuesta, y es que la imaginación es una facultad que utilizamos para elaborar, para nosotros y nuestro círculo, el relato que más nos conviene, un relato que justifique cómo nos hemos comportado en el pasado y cómo nos comportamos en el presente, una historia en la que nosotros solemos tener razón y los demás no”, afirma el Nobel sudafricano porCORREO ELECTRÓNICO. “Éstos son algunos de los aspectos que Arabella Kurtz y yo tratamos de examinar en el libro”.
La verdad es algo serio que puede costar la cárcel o bocados enteros de honor, como recordará Bill Clinton, que superó una larga investigación por perjurio sobre su relación con una becaria en la Casa Blanca que podía haberle salido aún más caro. NoRESPONDÍA entonces de su actuación sexual, sino de su versión presuntamente falsa bajo juramento.
Coetzee y Kurtz se sumergen en el fondo de la conciencia en busca de la verdad, la Verdad, y lo que encuentran no es precisamente materia penal. La verdad propia, interna, no ficha al entrar, no pesa, no mide, no tiene más registros que el recuerdo voluble que alberga la mente, normalmente amiga de nuestro bienestar. No hablamos de bodas, bautizos y comuniones, claro; deCONTRATOS, compras, ventas, sentencias, despidos ni de hechos probados, sino de la vida en su sentido amplio, de ese territorio subjetivo de la interpretación donde todo parecido con la realidad suele ser pura coincidencia.
Y esa verdad, la que el paciente cuenta al psicoanalista o el escritor al lector, sacada de su propia memoria y de la elaboración subjetiva de sus recuerdos,ESTÁ más cerca de la deseada que de la real. Es la verdad subjetiva. Tal vez la mejor para sobrevivir. Pero con riesgo de graveFACTURA si la maleamos hasta la fantasía.
Además está la verdad intersubjetiva, la que se forja en la relaciónENTRE paciente y terapeuta o entre el autor y el lector: el resultado de la interacción.
Kurtz y Coetzee ponen un ejemplo perfecto: Sancho y quienes rodean y aprecian al Quijote saben que ni es caballero, ni es andante, ni lucha contra gigantes, ni salva princesas. Pero ¿quién de ellos quiere vivir en un mundo en el que eso no ocurra, en el que por el contrario el hidalgo Alonso Quijano vague por su ruinosa hacienda esperando la muerte? Al final delLIBRO, afirma Coetzee, Sancho y otros se dicen que “preferimos la versión ideal, transformada y mejorada de ti; puede que te la hayas inventado, que no sea real, pero estamos dispuestos a pasar por alto ese detalle”. En ese momento Sancho ya cree su verdad, ya es común. Y es mejor quedarse en ese mundo imaginario que en el verdadero.
Esa fuerza literaria es también la que acompaña a paciente y terapeuta, que busca la verdad de sus males, pero solo la suficiente como para que se recupere. La versión. “Al psicoterapeuta le interesa la verdad subjetiva o emocional, y creo que esa verdad existe y que sabemos cuándo entramos enCONTACTO con ella”, afirma Kurtz. “Cuando se materializa un aspecto de la verdad emocional, tenemos ese sentimiento de conexión y repercusión profunda, de que algo nos ha llegado muy dentro. Pero es una cosa imprecisa, difícil de describir y definir, y fundamentalmente provisional y cambiante”.

Arabella Kurtz

¿Qué puntos en común entre la literatura y la psicología ha descubierto ustedTRABAJANDO con Coetzee?
Lo que JM Coetzee y yo hemos descuberto en común es la preocupación por la subjetividad humana y la representación de esa subjetividad en el lenguaje. Tanto los novelistas como los psicoterapeutas trabajamos en el límite de la experiencia humana, intentando encontrar nuevas formas de expresar y examinar el hecho de estar en el mundo. Es un tema sobre el que estoy deseando que se empiece a reflexionar dentro de la disciplina de la psicología, que puede ser muy estrecha cuando se considera solo una ciencia y se olvida del arte que interviene en los servicios y las interacciones de los seres humanos. Ese fue el punto de partida delLIBRO. Pero me parece que, al escribirlo, descubrimos que tenemos formas distintas de ver el mundo, y ese hallazgo fue muy valioso y me ayudó a comprender mejor las ideas en las que se basa mi enfoque de la práctica clínica.
¿Qué haAPRENDIDO sobre la escritura?
Creo que existe una distinción entre ficción y no ficción, pero creo que es confusa. El motivo es que la ficción emplea formas simbólicasPARA EXPLORAR la realidad social, histórica o personal, y la no ficción emplea metáforas y otras formas simbólicas de representación para explorar y descubrir el mundo.
¿Cree que hay una distinción entre ficción y no ficción?
Esta colaboración prolongada con un escritor tan fantástico me ha enseñado mucho sobre la escritura. En el plano individual, me ha dado más seguridad sobre el hecho de tener algo que decir y los medios para decirlo, y en sentido más general, ha reafirmado mi convicción sobre el interés y la importancia del proyecto psicoanalítico.
¿Existe la verdad?
¿Existe la verdad? Si pudiera dar una respuesta rápida sería un genio, o ganaría mucho dinero, o ambas cosas. Como digo en el libro, al psicoterapeuta le interesa la verdad subjetiva o emocional, y creo que esa verdad existe y que sabemos cuándo entramos en contacto con ella. Cuando se materializa un aspecto de la verdad emocional, tenemos ese sentimiento de conexión y repercusión profunda, de que algo nos ha llegado muy dentro. Pero es una cosa imprecisa, difícil de describir y definir, y fundamentalmente provisional y cambiante.
¿Los escritores trabajan con la realidad o con versiones de ella? ¿Y usted?
En mi opinión, los psicoterapeutas y los escritores trabajan con la verdad subjetiva y utilizan formas simbólicas para estudiarla; el psicoterapeuta trabaja con la fantasía y el sueño, además de la historia, de modo que, como decía antes, creo que trabajan con las dos cosas.
Palabra de Coetzee
Decía Platón que entre la verdad y la belleza, los poetas eligen siempre la belleza. “Cuando visitamos a nuestro terapeuta y le contamos lo que ha sucedido en nuestras vidas durante la última semana, ¿tratamos de convertir esa historia en un artificio bien construido? O, por el contrario, ¿debemos ser neutrales, objetivos, esforzarnos por contar una verdad que cumpla los criterios de los tribunales: toda la verdad y nada más que la verdad?”, se pregunta Coetzee.
“¿Somos el autor consciente, o una voz que emite un torrente de palabras de nuestro interior? Sobre todo, dado el volumen de recuerdos que almacenamos, ¿qué deberíamos dejar fuera cuando contamos esa historia, sin olvidar la advertencia de Freud de que lo que decidimos omitir puede ser la clave? ¿Debemos exigir al paciente que afronte la verdad o, por el contrario, nuestraPROFESIÓN nos da libertad para colaborar o conspirar con el paciente a la hora de crear un relato de su vida —una ficción, sin duda, pero una ficción fortalecedora— que le haga sentirse a gusto consigo mismo, lo suficiente como para salir al mundo y ser capaz de amar y trabajar?”.
Los ingredientes del arte
La misma subjetividad es protagonista en las crónicas que componen Cuarenta y un intentos fallidos, una hermosísima incursión en la mente de artistas por parte de Janet Malcolm (estadounidense nacida en Praga en 1934), habitual de The New Yorker y autora de obras memorables como El periodista y el asesino o Ifigenia en Forest Hills. Malcolm relata con enorme humildad, lejos de todo púlpito, todas las visitas a David Salle, un artista de éxito para quien la prensa ha decretado elINICIOde la decadencia. En un momento dado, ella se atreve a llevarle suscollages y le pregunta:
—¿Por qué tus collages son arte y los míos no?
—No hay nada que diga que tuscollages no sean arte. Son arte si tú afirmas que lo son.
Es decir: la subjetividad como motor frente a la falta de estima social y reconocimiento. Pero ¿acaso puede ser tan sencillo?, ¿es la subjetividad suficiente? Obviamente no lo es.
Malcolm acompañará más tarde al fotógrafo alemán Thomas Struth a una zona industrial que le interesa e intentará de nuevo averiguar qué diferencia una foto común del arte verdadero. Cuál es el ingrediente de más.
—¿Qué es ese más?
—El más es un deseo de disolver, como de…, ¿cómo decirlo?, de ser la antena de una parte de nuestra vida contemporánea y transmitir esa energía, meterla en los fragmentos de esta historia.
Cuando poco después Malcolm recibe las fotos que ­Struth había hecho en su presencia, reconoce, admirada: “Eran sorprendentes, mientras estuve en la fábrica no ‘vi’ ninguna de esas imágenes por mí misma”. Struth había logrado el arte. Malcolm ha rechazado hablar para este reportaje y no ha concedido entrevistas para promocionar su libro, pero en él está la esencia de la creación, como en el testimonio de Virginia Woolf que recoge en uno de los capítulos: “He comprobado que la creación de escenas es mi manera natural de consignar el pasado”. Un pasado de abusos y de muerte como catapulta hacia la creación.
Hay quien crea para dar salida a su perplejidad (Nooteboom), para indagar en su memoria (Le Clézio), para superar el desarraigo (Naipaul), para pensar mejor (Javier Marías), por necesidad (Sergio Ramírez) o para ser antena (Struth).
Shields cree que “la novela convencional ha muerto y de lo que se trata es de reimaginar la no ficción como un trampolín para saltar a cuestiones más amplias: qué es real, qué es verdadero, qué es conocimiento, qué es memoria, qué es el yo, y cuánto yo de otro puede conocer uno”.
Y eso es exactamente lo que hacen Malcolm, Coetzee, Kurtz y Shields. Sus libros serán clásicos.

La versión de David Shields

David Shields (Los Ángeles, 1956) cree que la novela convencionalESTÁsuperada y defiende unNUEVOtipo de literatura: “Más que de novelas, de lo que se trata es de reimaginar la no ficción como un trampolín para saltar a cuestiones más amplias: qué es real, qué es verdadero, qué es conocimiento, qué es memoria, qué es el yo, y cuánto yo de otro puede conocer uno.”
¿Son verdaderamente diferentes la ficción y la no ficción?
No son tan distintas, si somos sinceros sobre el funcionamiento de cada una. Uno de los principales vectores delLIBRO es el argumento enFAVORde eliminar la distinción entre las dos.
¿Tiene la realidad un lugar propio en la literatura? ¿O estamos hablando de distintas versiones de la realidad?
Distintas versiones de la realidad, sin duda. En esteLIBRO, la realidad aparece entre cuádruples comillas. El libro trata de cómo se organizan y se enmarcan en un libro versiones opuestas de la realidad.
¿Qué es realidad? ¿Existe de verdad?
No existe ninguna “realidad” acordada; solo hay versiones. El libro defiende y practica la rivalidad de diferentes versiones, una forma de materializar el principio sobre el que teoriza.
¿La novela está muerta?
La novela convencional, en mi opinión, sí, es un ejercicio de nostalgia. Se escriben muchas novelas nuevas maravillosas, pero suelen disfrazarse de no ficción. “Novela” significa “nueva”, ese era su significado original. Y hoy hay muy pocas novelas, por no decir ninguna, que sean “nuevas”. El trabajo más innovador es el que se está haciendo en obras que sobrepasan los límites de los géneros o sePRESENTAN como libros que son ensayos poéticos.
¿Por qué escribe sobre la escritura?
Me interesan la escritura y la lectura comoMETÁFORAS de la condición humana.
¿Está de acuerdo cinco años después con lo que decía en suLIBRO? ¿Qué cambiaría?
Algunos detalles superficiales han cambiado (sobre los reality shows o el hip hop, por ejemplo), pero, en general, me parece que elLIBRO ha demostrado tener bastante razón.
ANEXO: 
Esta es la lista de autores que David Shields defiende como ejemplos de eseNUEVO tipo de novela, de literatura, que defiende:

Sarah Manguso, 300 Arguments (próximamente).
Maggie Nelson, Bluets
Samantha Hunt, His Mouth to My Ear (próximamente).
Simon Gray, The Smoking Diaries (4 volumes).
JM Coetzee, Elizabeth Costello.
David Markson, This Is Not a Novel.
Leonard Michaels, “Shuffle”
John D’Agata, About a Mountain
Renata Adler, Speedboat
HILTONAls, White Girls
EULABiss, The Balloonists
Grégoire Bouillier, The Mystery Guest
Jorge Luis Borges, Other Inquisitions
Sophie Calle, Exquisite Pain
Mary Cappello, Awkward
Anne Carson, “Essay on the Difference between Women and Men”
Terry Castle, “My Heroin Christmas”
John Cheever, Journals
Annie Ernaux, Things Seen
Brian Fawcett, Cambodia
Mary Gaitskill, “Lost Cat”
Eduardo Galeano,THE BOOK OF Embraces
Kenneth Goldsmith,SEVEN American Deaths and Disasters
Mira Gonzalez/Tao Lin, Selected Tweets
Spalding Gray, Morning, Noon, and Night
Heidi Julavits, The Folded Clock
Nic Kelman, Girls
Ben Lerner, Leaving the Atocha Station
Sven Lindqvist, A History of Bombing
Ross McElwee, Sherman’s March
Danger Mouse, The Grey Album
V.S. Naipaul, A Way in the World
Don Patterson, Best Thought, Worst Thought
Fernando Pessoa,THE BOOK OF Disquiet
James Richardson, Vectors
Rick Reynolds, Only the Truth Is Funny
Chris Rock, Bring the Pain
Lauren Slater, Lying
Gilbert Sorrentino, The Moon in its Flight
Art Spiegelman, Maus
Jean Stein, Edie
Melanie Thernstrom, The Dead Girl
Jean Toomer, Cane
Joe Wenderoth, Letters to Wendy’s