

El comisario Brunetti nos enseña Venecia a pié, en vaporetto, en embarcación policial, de diversos modos pero siempre a nivel del suelo.
Satisfaciendo su hambre come de diversas e ilustrativas maneras, haciendo nos recordar a Vázquez Montalban. En este paseo en que la belleza y la decrepitud nos enseñan las azañas del boom inmobiliario, de la crisis política, del problema del estado del bienestar, de los prejuicios norte-sur, de las categorías profesionales, de la vejez. ¡Cómo no en la novela negra contemporánea!: la violencia, en especia la violencia contra las mujeres y cómo va variando según las generaciones. La investigación de un crimen nos lleva al mayor de los problemas: el bien y el mal, cómo
se puede plantear esta cuestión en un océano de mediocridad y explotación. Se puede plantear y se plantea aferrándonos a la única isla que nos puede salvar del naufragio: el amor. El amor, no el aprecio, ni la admiración. El único amor merecedor de ese nombre que es el no merecido.



Pero apenas tiene sexo
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