viernes, 15 de enero de 2016

Cómo ser mujer de Caitlin Moran.

sonograma.org


En su sección Quaderns de Libres nos presenta el libro que Carlos nos sugirió en el whats app y que se presentó mediante una entrevista en Pg2 de Radiotelevisión Epañola.

Cómo ser mujer


Título: Cómo ser mujer
Autora: Caitlin Moran
Traducción: Marta Salís
ISBN: 9788433978707
Editorial: Anagrama.
Caitlin Moran
Cómo ser mujer de la escritora y periodista inglesa Caitlin Moran (Brighton, 1975), es un divertido y estimulante libro de memorias, o también, una inteligente crónica sobre la mujer contemporánea y su relación con el mundo que le rodea: sexualidad, feminismo, música, literatura, machismo… Todo ello desde el punto de vista irónico y lúcido de su autora.
Planteado como tal libro de memorias, Caitlin combina aspectos biográficos y, en sus propias palabras «y le he añadido unas cuantas arengas»; supone una entretenida lectura tanto por el estilo directo, las constantes referencias culturales, sobre todo del ámbito televisivo inglés (aquellos aspectos que público de aquí desconoce viene comentado en los pies de página), literarias y musicales, principalmente de la música pop de la época juvenil de la autora y actuales.
Estructurado en 16 capítulos, Catlin comienza con el duro paso por la adolescencia en el seno de una familia humilde y numerosa; sus reflexiones sinceras, en las que una adolescente descubre su sexualidad con la poca información que puede conseguir, combina el humor con el enfado para retratar  a una sociedad en que la sexualidad está vista solamente desde el punto de vista masculino. De aquí su reivindicación de la necesidad del feminismo, pero no como una reacción de «bicho raro» sino como algo perfectamente natural en equilibrio con la sociedad y la vida cotidiana.
La autora no pretende realizar un manual feminista para situar a la mujer en la sociedad, todo lo contrario, la mujer ya tiene su sitio, pero la sociedad patriarcal no lo quiere ver. «Feminismo» ha sido una palabra utilizada de manera negativa por los hombres para ir en contra de las propias mujeres; Catlin la quiere recuperar como un concepto que tiene encanto, originalidad y, sobre todo normalidad.
Novela multi-género: ensayo periodístico, narración, autobiografía; supone un descubrimiento literario; instructivo para el público masculino, y sin duda divertida para el femenino; donde todos se verán reflejados, permitiendo a los lectores /as ver una perspectiva más fresca y auténtica en las relaciones diarias.

Texto: Josep Terradas

sábado, 9 de enero de 2016

"La mesa limón" de Julian Barnes.

     En octubre de 2013 nos reunimos y comentamos El sentido de un final del autor que ahora comentamos, creo que en la tertulia amiga trataron el libro que acabamos de leer. Una novelad y una colección de relatos respectivamente que esperamos se conviertan en preámbulos de la lectura de alguna de las novelas policíacas que el autor ha escrito bajo el seudónimo de Dan Kavanagh, como también hacen John Banville. 
      La sensación con que nos quedamos tras estas dos lecturas es difícil de transmitir, pero esperamos que sea repetible. Por un lado, incluso con la dificultad de la traducción, se disfruta de una prosa variada que permite vivir la aventura de transitar por mundos y personajes que vamos conociendo a través de detalles sabiamente dosificados. Al tiempo los personajes son los protagonistas-narradores justificados y sin que su visión subjetiva implique perdernos, sino que nos hace conscientes de lo que no sabemos pero queremos saberlo. Todo esto en una histórica contemporaneidad, me explico,  al menos lo intento: se enmarcan las-la historia-s en un contexto histórico preciso con una ambientación efectiva pero no sobrecargada, todo esto se hace desde un presente al que parecen abocar la o las historias. 
      En El sentido de un final es una historia que va cobrando sentido a medida que progresa y evoluciona, con la maduración de sus personajes, y que cobra sentido con un final que, a pesar de sorprendernos, está presente en todo el relato. Lo mismo parece ocurrir en Una historia de la peluquería, relato publicado en este volumen y por separado por Anagrama, pero también en el resto de los relatos.  
        Si en Una historia de la peluquería el personaje nos relata su vida, y a través de ella, la historia mediante sus visitas a la peluquería, en el relato titulado La de cosas que sabes dos señoras tomando te o café nos relatan, de forma muy medida y con su debida intriga, sus vidas y la de sus cónyuges, al tiempo que se encuadran en la historia, entendida como marco en el que se desarrollan sus historias pero del que informa debidamente.
       Con Higiene nos muestra las distintas posibilidades en que se puede manifestar ese sentimiento que llamamos amor. Un señor describe sus higiénicas visitas a lo largo del tiempo y cómo se van modificando sus relaciones. Siempre siguiendo el esquema que hemos descrito de dosificación de la información expuesta desde la subjetividad de los personajes que enmarcan su microhistoria en el torrente de la historia colectiva.
       El reestreno es el únco de los relatos que se divide en capítulos y el que se aleja bastante del presente histórico para presentarnos una historia de amor o de amor imaginado en un ambiente artístico teatral europeo.
       Vigilancia no nos saca de los teatros, en concreto de las salas de conciertos, y a través de los ruidos se hace una reflexión y descripción de personajes y acciones que casi alcanzan el punto de relato policíaco.
      Corteza nos muestra, en ambiente francés y antiguo, una extraña apuesta y el intento de ganarla a través de la modificación de los hábitos alimenticios.
      Saber francés nos muestra, mediante el género epistolar, la relación entre una anciana y un doctor-autor señor Barnes. En estas cartas, sólo de la anciana se refleja el ambiente de la residencia de ancianos y la supuesta autora hace comentarios literarios al respecto dela obra de Julian y de otras lecturas.
      Si el relato anterior utilizaba el recurso epistolar, en Apetito una algo más que secretaria lee recetas de cocina a su jefe-doctor ya impedido para hacer una vida autónoma, lo que no imposibilite una relación muy especial.
       La jaula para frutas justifica la lectura completa de estos relatos. En éste de una forma magistral un personaje, en primera persona, relata la vida afectiva-sexual de sus padres, en la que se introducen de forma muy natural elementos de intriga y emoción. Siempre que el esquema prefijado: narrador justificado, exposición subjetiva en la que descubrimos, junto al narrador, elementos clave en la historia en forma de novela policíaca, todo ello encuadrado en un marco histórico y geográfico relevante y revelador.
       En El silencio un afamado compositor expone sus íntimas reflexiones sobre su entorno y sobre él mismo. En este relato aparece la justificación del título de la obra que reúne todos lo relatos Me sumo a la mesa limón en el Kamp. Allí está permitido -de hecho es obligatorio- hablar de la muerte...Para los chino, el limón es el símbolo de la muerte. Ese poema de Anna Marie Lengren: "enterrado con un limón en la mano". Para terminar el relato pidiendo un premonitorio limón.

        Disfrutar de sumergirnos en un mundo literario nuevo, pocos autores nos lo proporcionan, y de re-vivir con unos personajes unas historias que nos intensifican la sensación y la reflexión de formar parte de la historia que tras su aparente singular siempre es plural y colectiva. Esto se lo debemos al empeño de María José y por lo tanto se lo agradecemos.






miércoles, 6 de enero de 2016

"La Guerra Civil contada a los jóvenes" De Arturo Pérez Reverte, ilustrado por Fernando Vicente.

     Nos complace leer una publicación con voluntad de best seller navideño, y algo más, que nos repasa la tan poco contada y menos recordada Guerra Civil. Su explícita intención de estar contada a los jóvenes nos hace más atractiva su lectura ya que huye de reflexiones sesudas y de interpretaciones atrevidas para habitar un terreno de mínimos comunes que esperemos multiplique nuestra curiosidad. En esa virtud de estímulo radica la mayor de las insatisfacciones que provoca su lectura ya que parece que nos quedamos en anda, esto es todo amigos, cuando acabamos el relato y nos encontramos de forma repentina los anexos: uniformes de los protagonistas, glosario, cronología de momentos clave y mapas históricos. Edu nos hizo partícipe de esta sensación que se contrasta al contar sus páginas: 128 páginas sin anexos, 30 capítulos con una página para el título y una ilustración con el reverso en blanco lo que hace un toral de 38 páginas de espaciada y gran letra. Todo esto nos hace pensar que su formato regalo navideño es demasiado pretencioso para lo que podría haber sido una barata obra divulgativa de kiosko.      
      Obra conjunta en la que Arturo Pérez Reverte expone con un una prosa ágil y precisa la información indispensable, mojándose lo justo y apoyado por firmes datos, sobre un sufrimiento colectivo. Las ilustraciones alegran y añaden referencias visuales de gran belleza y con un agradable tono retro que no huye de sus orígenes fotográficos o cartelísticos. Fernando Vicente se nos hace la breve lectura más agradable e informada ya que las ilustraciones, como su nombre indican, nos alumbran y avivan la curiosidad por otras fuentes visuales.La economía en la referencia a obras de arte graáfico, películas, noticiarios,...hace que se gane en precisión a la vea que se refuerza ese carácter de aperitivo estimulante.
        No se pierde el tiempo por su lectura y los 17,95 euros con iva que es su precio lo vale en tanto que regalo de éxito seguro pero no espectacular.



viernes, 18 de diciembre de 2015

"París 2041" de Ezequiel Szafir.

el Periódico nos presenta una novela que puede contribuir a un diálogo con la Houllebecq.


Ezequiel Szafir visita el futuro en 'París 2041'
El autor recurrre al pasado europeo en su novela de aires orwellianos.
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Ediciones B publica mañana 'París 2041' de Ezequiel Szafir, vicepresidente de Amazon Europa.
EVA CANTÓN / PARÍS
MIÉRCOLES, 6 DE MAYO DEL 2015.
Al vicepresidente de Amazon Europa parece que se le da bien rentabilizar el tiempo. De la conversación con un taxista en París ha extraído una novela de casi 400 páginas que plantea un futuro con aroma de pasado en el que ahora los que viven en guetos, en vez de judíos, son musulmanes. Ezequiel Szafir (Buenos Aires, 1971) describe enParís 2041 (Ediciones B) el manual de uso de cualquiera de las dictaduras que en el mundo han sido. De aires orwellianos, los drones sobrevuelan las calles en las que el lector tropieza con neonazis, francotiradores y miembros de la Resistencia hasta que llega el momento de la liberación (otra vez) de París. Mientras pasea bajo un sol generoso por el barrio que en tiempos de Zola habitaban los obreros y en el que ahora la población argelina se mezcla con el París más bobo (bohemio burgués), Szafir repasa los escenarios de la novela. También sus símbolos.
La Zona Libre
Como el del canal del Ourcq, que permite a uno de los personajes deParís 2041 una perfecta huída. «La vida alrededor del canal tiene el simbolismo del agua, es integrador. Pero la dictadura lo transforma en un lugar sin vida. Desaparecen los barcos y de los puentes cuelgan carteles como eslóganes, para que la sociedad no cuestione nada», dice el escritor. Es en esa frontera marcada por la presencia del agua donde los protagonistas se adentran en el gueto, en la llamada Zona Libre, a la que se accede con una tarjeta codificada. Marca también un «juego de ida y vuelta», una separación entre «ellos y nosotros», un espacio del que desaparecen los móviles y se regresa al mundo de los libros en papel, un guiño nostálgico. «Intento recuperar el romanticismo de la vida que hemos perdido. Lo que el Gobierno hace como método de presión, acaba siendo una bendición. Cuando la madre de uno de los personajes, Farida, se desespera, le tiene que enviar una carta». Y es el lugar en el que se erige un muro que para Szafir es mucho más que una metáfora. «Estar dentro y fuera del muro es parte de la narrativa social europea de los últimos mil años. El invento del muro no es de Berlín». Es como si Szafir usara el proceso de escritura para pensar, cargado de una sensibilidad social que supera la literaria. «Desde fuera Europa se ve como un continente que considera obvia la democracia y la paz. Pero cualquiera se da cuenta de que la paz es una excepción en la historia europea y la democracia algo totalmente nuevo para los europeos, no una tradición milenaria». Juega también con la idea de que la Historia, con mayúsculas, puede repetirse y se hizo el siguiente planteamiento: «Si puedo escribir el futuro repitiendo el pasado, es que algo anda mal».
Un futuro que arranca en 1935
Y puede que sea así, reflexiona el autor argentino afincado en Luxemburgo. «El futuro que he escrito arranca en 1935. En lugar de quemar sinagogas en la noche de los cristales rotos, quemo mezquitas. Y la reacción del Gobierno para proteger a los musulmanes es colocarlos en un gueto. Todo eso sucede de forma tan coherente en la novela que asusta, porque no tengo que inventar nada. Es repetir la historia en la Europa moderna, agregando drones y libros electrónicos». ¿Revivir el pasado llevándolo al futuro para mejorar el presente?. Puede. En todo caso, el directivo de Amazon cree que su generación tiene la obligación de rendir homenaje a quienes lucharon para que hoy podamos gozar de una libertad antes impensable. «Yo no sé si la democracia es más frágil de lo que creemos. En todo caso no se habla de ello. Se da por sentado que somos demócratas. Y cuando la gente puede votar a Le Pen sin cargo de conciencia es que tan demócratas no somos», dice.
El paseo de Szafir prosigue por el canal hasta llegar al café con la fachada pintada de azul en el que escribió varios de los capítulos de una novela armada en bares, hoteles, aviones y en casi todas las ciudades europeas. «Es una cuestión de disciplina», recuerda después de hablar de su peculiar relación con los personajes. «A veces los protagonistas hacen algo que no quiero que hagan o dicen lo que no quiero que digan y me enojo muchísimo, porque me da vergüenza que digan ciertas barbaridades, pero no puedo cambiarlo porque el lector huele las mentiras en el personaje, que llega a cobrar vida propia». Pero enseguida se reconcilia con ellos y el también periodista esboza otra teoría. «Lo que tiene de bueno la ficción -y que no tiene el periodismo- es que no tienes que pedir ni permiso ni perdón. Te puedes divertir poniéndole a un hijo de puta el nombre de Cousteau o meter frases de Perón en el texto».
Generar debate

Tras la novela histórica Marina de Buenos Aires (2004), Szafir espera de su ficción parisina que no pase desapercibida para el lector. «Sería para mí una pesadilla». «El éxito de la novela sería generar debate. La conclusión que saque el lector me da igual. Se trata de que genere más preguntas que respuestas. Eso una obviedad porque no hay respuestas». Y después de Francia, le toca el turno a España, escenario de su próximo relato. «España también tiene cuentas pendientes consigo misma y es una sociedad sin resolver, como muchas. Pero, como inmigrante en España, --soy sudamericano, argentino y judío-- me he sentido terriblemente cómodo en todo momento. Meterme con España me cuesta un poquito. Con Francia es más fácil», bromea.

     Las lecturas deberían contribuir al diálogo y a la reflexión, más interesante es cuando cumplen esta misión en diálogo consigo mismas. Esto lo preveíamos cuando nos leímos Sumisión de Michel Houllebecq y ahora lo podemos confirmar. En la obra de Houllebecq sucedía que en un a Francia futura ganaban las elecciones la representación política de la creciente población islámica, encargándose, ese gobierno musulmán, de forma prioritaria de la educación con la consiguiente segregación de sexos. La presentación de Sumisión se tuvo que postergar por coincidir con los atentados de París de noviembre de 2015, pero lo leímos y realizamos la reseña junto con una entrevista a Houllebecq realizada por El País. En la ficción histórica de Szafir el triunfo electoral no es de los musulmanes sino que el miedo a ese triunfo hace que la ultraderecha racista gane las elecciones y aplique una política de protección de las minorías internándolas en campos de concentración cercados en pleno París. Ante ese hecho se organiza una resistencia francesa, musulmana y judía con colaboracionistas de otras procedencias.
      La ambientación parisina de la novela y el clima de ocupación nos provoca una sensación de Segunda Guerra Mundial, aunque plagada de drones y lectores de cuerpo e irirs, el riesgo y la lucha hacen que la acción no decaiga y el hambre de lectura crezca. Los sentimientos de las historias personales, dentro de la gran historia de la guerra de resistencia, nos introduce en historias de amor en varias forma: sexual, amistad, filial... por lo que no se descuida los sentimientos en pos de la narración política. Pero el grueso de la obra es de marcada intención política y de un tono de advertencia y alarma ante el desprecio por las minorías y los derechos más elementales como ocurrió en otra época.
       Esta lectura nos ofrece una novela de guerra y espionaje al tiempo que nos invita a una reflexión política que por ser urgente no debe caer en apresuramientos, en diálogo potencialmente constructivo con la cisión complementaria de Houllebecq. 

"Del color de la leche" de Nell Leyson.

Del color de la leche - Nell Leyshon          La tertulia amiga, por boca de Covadonga, nos propone esta novela agradable de leer, pero que no renuncia al endurecimiento progresivo, ni a la tragedia, en mi opinión, innecesaria pero que algunos considerarán que aporta un interés extra a la obra. No sólo es corta sino que su lectura es muy agradecida a pesar de que el personaje de  la narradora-escritora, perfectamente justificado e integrado en la novela, acaba de aprender a leer y a escribir y no está ducha en el uso de las mayúsculas, pero por otra parte, nos ofrece la ventaja de utilizar un vocabulario preciso y economizar los recursos narrativos, así como la información ofrecida.
          El interés por su lectura se ve avalado por la decissión de los libreros de Madrid de recomendarla como mejor ñovela del 2014. Esta noticia la  publica El País junto con una larga entrevista a la autora.
    Las desigualdades económicas conllevan desigualdades culturales, incluso afectivas, pero eso no sólo no exime a nadie de responsabilidad, es más, puede que el poderío económico, cultural y afectivo funcione en forma de agravante en el ejercicio de la libertad y las mayores posibilidades de elección, y la mayor consciencia de las consecuencias de éstas, supongan una mayor responsabilidad sobre sí mismo y sobre los demás. La bondad social de las acciones pueden ocultar la hipocresía del dominio, control y utilización de los demás. El débil no sólo es explotado económicamente sino que se anula como persona por el interés del poderoso que intenta justificarse con una educación de la que sólo fructifica en el relato que leemos. La inteligencia se ve limitada a tomar consciencia de que algo no está bien, que quién no asume sus actos no está actuando bien. Lástima que esta inteligencia no tenga capacidad de acción que no sea tenida en cuenta como interlocutora válida capaz de construir al otro al tiempo que construye su historia.
           No disfruté la conclusión tácita a la que nos aboca el relato: la belleza tiene un precio que es el dolor, sin ese dolor la historia no la valoraríamos de la misma forma. Prejuicio cristiano que impregna toda la obra y que culmina con la violencia y su castigo. No creo que contribuya al enriquecimiento de la obra, ni que sea necesario el desenlace extraordinario para mantener su interés. No parece en concordancia con el tono sencillo del relato una conclusión tan efectista. Esta discordancia no parece contribuir a la empatía con el personaje y es como un grito que rompe las armonías, minúsculas, del resto del relato.


En paperblog.com nos presenta la obra con este comentario.

Del color de la leche - Nell Leyshon

Publicado el 16 diciembre 2013 por Rusta @RustaDevoradora

Edición: Sexto Piso, 2013Páginas: 176ISBN:9788415601340Precio: 16 €
Del color de la leche - Nell LeyshonDel color de la leche - Nell Leyshona veces tener memoria es una buena cosa, porque ahí está la historia de tu vida y sin ella no habría nada, pero otras veces tu memoria guarda cosas que preferirías no volver a saber nunca y, por mucho que intentes quitártelas de la cabeza, siempre vuelven. Pág.140.

Son muy pocos los libros que se pueden describir como «especiales». No (solo) me refiero a su calado, a su capacidad para convertirse en inolvidables para el lector, sino que hablo de aspectos más objetivos que permitan considerarlo una obra singular. Creo que Del color de la leche, la primera novela traducida al castellano de la dramaturga inglesa Nell Leyshon, encaja en esta definición por un motivo concreto: está narrada por una joven campesina que acaba de aprender a escribir. En la literatura histórica hay muchos personajes parecidos, pero pocas veces se presta atención a su condición de iletrados. En este caso, la escasez de conocimientos de la protagonista en materia de letras se plasma en una escritura sin mayúsculas y con una puntuación particular que prescinde de los guiones del diálogo. Lejos de dificultar la lectura, estos rasgos la convierten en una voz muy poética e íntima, con una cadencia hermosa en el uso del polisíndeton y el punto y aparte. Tal vez se puede cuestionar hasta qué punto resulta verosímil que una chica como ella sepa utilizar determinadas palabras —aunque para eso sería necesario consultar la versión original—, pero, en cualquier caso, se trata de un recurso justificado y bien empleado.La protagonista se llama Mary, tiene quince años, su pelo es del color de la leche y escribe este libro porque quiere contar algo que le ocurrió. Un año antes, en 1830, ella trabajaba de sol a sol en la granja de su familia, bajo las órdenes de un padre tirano frustrado por no haber tenido hijos varones. En aquella época, los días de Mary se regían por el ciclo de la naturaleza, los cambios en la luz del sol, las etapas de la cosecha; una recreación del ambiente rural decimonónico muy lograda. Sin embargo, su futuro dio un giro de ciento ochenta grados cuando empezó a trabajar en casa del vicario para cuidar de su esposa, que se encontraba enferma. Mary pasó de granjera a criada y, además, allí le enseñaron a leer y a escribir. No obstante, lo que parecía un paso adelante para mejorar su situación también le trajo graves consecuencias.En general, Del color de la leche es una aproximación puramente literaria a un tema que normalmente se trata en la novela histórica: las condiciones de vida de la clase humilde en el siglo XIX. Hace poco se publicó El último refugio, de Tracy Chevalier, que también relata las vivencias de una granjera en aquella época. Sin embargo, Leyshon no se conforma con contar una historia, unos hechos, una trama; su mayor baza recae en la forma, en esa lograda primera persona de Mary que hace de este libro una pieza única e inconfundible. Se produce un delicioso contraste entre la candidez de la narración de Mary —la transmite por su falta de práctica al escribir y su voluntad de contarlo todo— y la fuerte personalidad que demuestra en sus acciones. Es una chica aplicada, acostumbrada al exigente trabajo del campo; pero, a la vez, tiene la lengua afilada, le gusta parlotear y sabe ganarse a los demás. Posee esa inteligencia propia de las personas sin estudios, una inteligencia práctica y útil para los quehaceres diarios que la gente cultivada tiende a menospreciar. Durante la mayor parte de la novela, la historia transcurre de forma lógica, con una evolución interesante de la protagonista y unos secundarios bien trazados que funcionan en sus contadas apariciones (las hermanas, el abuelo, la esposa y el hijo del vicario, la otra criada). Del color de la leche es una novelabreve pero concentrada, con cada página aprovechada al máximo, por lo que resulta conveniente leerla despacio para apreciar mejor sus matices. Esta obra no solo tiene valor por lo que cuenta abiertamente sino por lo que deja entrever entre líneas, como el temple de Mary. En mi opinión, lo mejor de este libro es ella, su narradora, una chica que no se hunde en la autocompasión y sale adelante con buen humor.Por eso mismo me chirría tanto el último tramo: la autora ha cometido el error de caer en el dramatismo fácilcon un giro argumental tratado con demasiada precipitación que no me parece coherente con lo que había mostrado del carácter de Mary hasta entonces. No hay que confundir esta crítica con el deseo de que tuviera un final feliz, puesto que estoy acostumbrada a leer historias tristes y las prefiero al manido happy-ending. El problema está en el desenlace fijado aquí, la elección específica de Leyshon. Entiendo que ha querido darle un sentido simbólico(el uso de lo que le enseña quien le hace daño como arma para liberarse de ello, el contraste entre el color del pelo y la sangre), pero existen alternativas para alcanzar ese mismo objetivo de una forma más sutil. Es una lástima que una novela que había demostrado tanta personalidad la pierda en apenas cuarenta páginas por utilizar un recurso tan visto y tan incongruente con lo que había narrado antes. Incluso comete trampas innecesarias, como el detalle de la ventana.
Del color de la leche podría haber sido una buena novela, una muy buena novela. Tiene estilo propio, una protagonista encantadora y una ambientación cuidada al máximo. ¿Lo pierde todo por un mal final? No, supongo que no, pero le ha faltado la guinda del pastel para ser una historia redonda (entendamos por «guinda del pastel» el hecho de estrujarse más los sesos para buscar una solución que no caiga en la tragedia fácil). Con todo, aprecio el trabajo de Leyshon para ofrecer un libro diferente de lo común; nunca había encontrado una voz como la de Mary y la experiencia de leerla poco a poco, disfrutando de las particularidades de la prosa, me ha resultado muy gratificante.

jueves, 17 de diciembre de 2015

"Sumisión" de Michel Houllebecq.

Babelia sección de literatura de El País publicó el 23 de abril de 2015 esta entrevista a Houlloebecq. Larga pero interesante porque nos explica el próximo libro de la tertulia. 

La acabo de leer, tras haber finalizado el libro y me resultó curiosa por dos motivos. Por reforzar algunas de las ideas que aparecen en el libro y plantearme unas suposiciones sobre el autor que confirmo en la entrevista. Pero también es enriquecedora porque ilumina algunas escenas y aspectos del libro que menosprecié en su lectura y son muy reveladores. Lo que no hay duda es que ofrece las claves para un debate muy interesante y, aunque sea urgente, requiere de una reflexión a la que esta entrevista contribuye.
      Otra contribución interesante por complementaria es la novela París 2041 de Ezequiel Szafir. Esperamos presentarla como sugerencia en forma de entrada de este blog, aunque su lectura está por realizar.


EN PORTADA
Michel Houellebecq: “La élite está asesinando a Francia”
Michel Houellebecq tiene escolta oficial. Después del atentado contraCharlie Hebdo el pasado 7 de enero, el Gobierno francés prefiere no arriesgarse: como otras personalidades locales, el autor dePlataforma va ahora a todas partes flanqueado por dos policías de civil. Bromea con ellos y parece cómodo con la situación. Aunque no deja de resultar algo irreal entrevistarlo en esta brasserie de Saint-Germain, bebiendo vino blanco, mientras Houellebecq (Saint Pierre, Isla Reunión, 1958) habla con entusiasmo de los cuentos de Borges y sus custodios echan discretos vistazos a los edificios cercanos en busca de francotiradores.
Parece una escena de una mala película, pero es sólo uno más en la sucesión de malentendidos que han rodeado la publicación de Sumisión (Anagrama). En la actualidad, Houellebecq es tan importante en su país que el primer ministro habla de su nuevo libro como si fuera un asunto de Estado; un efecto colateral es que nadie lo toma como una novela. Se lo compara con El suicidio francés, de Éric Zemmour, o El gran reemplazo, de Renaud Camus, best sellers estridentes que machacan dos ideas obsesivas: el Occidente judeocristiano está en retirada, los bárbaros musulmanes se aprestan a tomar el poder.
No se trata de negar la dimensión social de Sumisión, que pinta una Francia al borde de la guerra civil. En esta fábula política el conflicto se resuelve con el triunfo electoral de Mohammed Ben Abbes,candidato de la imaginaria Fraternidad Musulmana, y la conversión de Francia en Estado islámico, pero el libro está lejos de presentar el hecho como un desastre. Al contrario: para el protagonista, solitario profesor experto en el escritor decadente Joris-Karl Huysmans, lo urgente es encontrar una fe. “¿Cuánto tiempo puede una sociedad subsistir sin una religión cualquiera?”, se leía ya en Las partículas elementales (1998). Ahora el adjetivo “cualquiera” resulta sugerente: si ya no es posible ser cristiano, ¿por qué no abrazar otra religión más vigorosa?
PREGUNTA. Sumisión es una sorpresa para sus lectores. Aunque la inquietud religiosa aparece en todo lo que ha escrito, es la primera vez que describe a un personaje que busca una fe y que, además, la encuentra. ¿Cómo se le ocurrió esta historia?
RESPUESTA. Jugó un papel el hecho de que mi protagonista, François, sea un profesor experto en Huysmans; en su obra, esa búsqueda que menciona juega un papel crucial. Huysmans tiene novelas enteras dedicadas a su relación con el catolicismo. Ahí tenemos el caso de una conversión religiosa relatada en la ficción.
P. ¿Es usted creyente?
R. Tiendo a creer cuando voy a misa; pero apenas salgo, se me pasa. Así que ahora lo evito, porque el bajón es desagradable. Pero la misa en sí misma es muy convincente; es una de las cosas más perfectas que conozco. Y mejor todavía son los entierros, porque ahí se habla mucho de la supervivencia después de la muerte, y con una apariencia de convicción total. La verdad es que mi ateísmo no salió indemne de la muerte de mis padres y de mi perro Clément.
P. Pero entonces, ¿todo es cuestión de querer creer?
R. Pues sí. Porque, en realidad, la razón no se opone a la fe de una manera tan clara. Si nos fijamos en la comunidad científica, los ateos se cuentan sobre todo entre los biólogos. Los astrónomos, en cambio, son cristianos sin mayor dificultad. Esto tiene una explicación, y es que el universo está bien organizado. Cuando se trata de seres vivos, la cosa es más dudosa. Los seres vivos no están bien organizados, y son un poco repugnantes. Un matemático no tiene mayor dificultad para creer en Dios; al contrario, trabajar con ecuaciones pega bien con la idea de un orden, y por ende un creador de orden.
El islam siempre evitó pronunciarse sobre cuestiones como si la Tierra giraba alrededor del Sol. No había nada en juego en ello”
P. De todos modos, su cristianismo es selectivo. Le interesa la vida eterna, pero no tanto, digamos, el perdón o la caridad.
R. Sí, eso me importa menos. Pero san Pablo lo di


ce con toda claridad: si Cristo no resucitó, nuestra fe es vana. Así que Cristo, mal que mal, vino por eso. Para prometernos que la muerte había sido vencida. La caridad, bueno, no es algo específico del cristianismo. Y en cuanto al perdón de los pecados, es algo que le importa más a los protestantes. Antes, en el catolicismo, el perdón de los pecados era algo casi automático. Ego te absolvo, y ya está.
P. Su protagonista, François, afirma que tampoco hay oposición entre la ciencia y la fe musulmana.
R. Yo diría incluso menos. El islam siempre evitó pronunciarse acerca de cuestiones del tipo de: “¿Gira la Tierra alrededor del Sol?”. Evitó meterse en dificultades que el catolicismo, por su parte, podría haber evitado. No había nada en juego para la fe cristiana en el hecho de que la Tierra gire en torno al Sol.
P. François tiene otro argumento a favor del islam: dice que es la única religión que acepta el mundo tal como es.
R. Es que es un muy buen argumento. Incluso los yihadistas, que no aceptan el orden político del mundo, aceptan el mundo natural tal como es. Si lees a Darwin te das cuenta de que, en el fondo, lo que lo aleja de Dios —porque Darwin no creía en Dios, aunque haya fingido lo contrario— son las consideraciones morales. Por ejemplo, en una carta analiza el ciclo de vida de no recuerdo qué parásito que vive dentro del ojo, y exclama: ¡No, un Dios de bondad no puede ser el autor de este mundo! Podemos arriesgar un teorema: cuanto más se observa a los ácaros, más disminuye la fe en Dios. En mi caso, desgraciadamente, estudié biología, así que empecé con mal pie.
P. François busca a Dios a través de ciertas figuras femeninas. Hay dos momentos clave: primero, cuando François pierde a su amante, y después, cuando entra a la iglesia de Rocamadour y parece a punto de recuperar la fe, pero fracasa. La pérdida de su amor y la pérdida de la fe representan una misma clausura en su vida.
R. Es muy cierto, esos son los dos momentos clave. Mas en general, te diría que la construcción de este libro es bastante simple: pongo en escena a este personaje y progresivamente le quito todo. Empiezo por lo más grave, le quito el amor. Después, y ya es menos importante, le quito a sus padres. Después, en esa escena en la iglesia de Rocamadour, le quito la posibilidad de creer en Dios. Y para terminar le quito su relación con Huysmans, que califico como la más antigua de su vida. Porque es verdad —y yo lo sé por haber dedicado todo un libro a Lovecraft— que escribir de manera profunda acerca de un escritor significa, en la práctica, privarse de releerlo. Pasado cierto punto, no puedes más. Así que a este pobre personaje yo le quito todo, hasta que sólo le queda convertirse.
P. En su libro, una vez que el régimen islámico se instala en Francia, las mujeres adoptan el velo, dejan de trabajar y se dedican a la familia. ¿No hay en esto algo de expresión de los deseos del protagonista? Después de todo, perdió a su chica porque era demasiado independiente.
El escritor Michel Houellebecq. / PHILIPPE MATSAS
R. Sí, él personalmente no tiene motivo para solidarizarse con el régimen laico. La solución que le proponen, mal que bien, funciona.
P. Como dice al final: “No tendré nada que lamentar”.
R. Esa frase puede entenderse como usted dice, pero también al revés: tendrá mucho que lamentar. Haber perdido a Myriam, para empezar. Y también haber perdido a la Virgen de Rocamadour. Aunque cueste creerlo, mi proyecto inicial era que él se convirtiera al catolicismo. Lo cual habría dado lugar a un libro bastante gracioso; mi personaje se habría convertido a un catolicismo que ha cambiado mucho desde la época de Huysmans. Un catolicismo, por decirlo de algún modo, un poco bobo.
P. ¿Y por qué no lo escribió?
R. Porque no pude. A ver: supongamos que la Virgen de Rocamadour hubiera funcionado, que François hubiera recuperado la fe. Después de eso, yo ¿cómo sigo mi libro? (ríe). En cambio, enSumisión no hay verdaderos creyentes, ni cristianos ni musulmanes. Incluso para Ben Abbes se trata de una opción política. Esto ya estaba a mi alcance.
P. Ben Abbes aparece como un salvador, en un momento en que el sistema político ya no funciona…
R. Esa parte es real. Viví 10 años fuera de Francia, y cuando volví me impresionó el desprecio total de los franceses por sus élites dirigentes y mediáticas. Quizá el periodismo sea la única profesión más despreciada que la de los políticos. Hay que decir que la situación es relativamente alucinante. Ya en 2012, Hollande fue elegido presidente, a pesar de que Francia se había volcado a la derecha. Y ahora no es imposible —como imagino en mi libro— que Hollande sea reelegido en 2017, aunque Francia está aún más a la derecha. La estrategia del Partido Socialista, que es impulsar al Frente Nacional para excluir al centroderecha, ha llevado las cosas a un lugar insalubre. Y el hecho es que la vida en Francia se ha deteriorado. Hay muchos más pobres que antes. Hay cada vez más gente que no cree lo que dicen los medios. Y lo que te muestra que somos un país extraño es que, pese a todo, los franceses se siguen reproduciendo: salvo Irlanda, tenemos la natalidad más alta de Europa.
P. Es un argumento contra la idea del “suicidio francés”.
R. Es que no es un suicidio, es un asesinato.
P. ¿Cometido por quién?
R. Por nuestras clases dirigentes.
P. Es usted muy duro con los políticos de su país.
R. Es que se les fue la mano. El caso más impresionante que conocí fue el referéndum de 2005 sobre la Constitución europea. Los franceses votaron claramente por el no. Y semanas más tarde el Gobierno lo hizo aprobar por vía parlamentaria. Es un desprecio muy claro a la democracia. Así que la hostilidad de la gente contra los dirigentes es muy fuerte, y eso en un momento de crisis económica y desempleo alto. Y tenga en cuenta que el paro en Francia es desempleo de verdad: no hay trabajo en negro, como en España o América Latina, y tampoco hay solidaridad familiar, eso desapareció. La gente está totalmente desvalida.
En Occidente la palabra masculina ha desaparecido. Lo que los varones piensan, nadie lo sabe. El varón ya no habla, la mujer sí”
P. Hablemos del proyecto político de Ben Abbes. ¿Podría funcionar su idea de expandir la Unión Europea hacia el sur, de convertirla en una Unión Mediterránea?
R. No es ninguna tontería. Para empezar, muchos países mediterráneos lo percibirían como una garantía —aunque quizá se equivoquen— contra sus islamistas radicales. Europa del Norte pasaría a segundo plano. Pero, para ser honestos, la principal interesada en esto sería Francia. La verdad es que Francia nunca aceptó el hecho de perder el liderazgo. Por eso tenemos una relación extraña con Alemania; nos gusta flagelarnos diciendo que somos menos que ellos. Malestar que, dicho sea de paso, es una de las claves del éxito de Marine Le Pen.
P. Muchas veces ha hablado contra el patriotismo. Pero después del atentado contra Charlie Hebdo, parecería que está dispuesto a defender ciertos valores franceses. Como dicen en Rambo III: esta vez, es personal.
R. Es que es personal: han matado a alguien a quien yo quería, a Bernard Maris. Y además está la cuestión de la libertad de expresión, que me concierne. Esa libertad la hemos perdido. Cuando yo era adolescente, en los años setenta, había más cosas permitidas. En la actualidad, el debate de ideas se limita a la detección de los derrapes. Una vez que el derrape ha sido cometido, el responsable puede disculparse; a eso se limitan sus derechos.
P. Su protagonista se define como machista. ¿Cree que en esto François es representativo?
R. Lo que pasa es que en Occidente la palabra masculina ha desaparecido. Lo que los varones piensan, nadie más lo sabe. Una hipótesis horrible, pero verosímil, es que no han cambiado; sólo han aceptado cerrar la boca. El varón occidental ya no habla; la mujer sí. La vida mental masculina ahora es algo desconocido, y por eso es verosímil pensar que el varón estaría dispuesto, si se presentara el caso, a una vuelta inmediata al patriarcado.
P. ¿Sus novelas serían las últimas noticias de esa vida mental masculina?
R. Pues sí, las mujeres pueden leerlas para enterarse de lo que realmente piensan los hombres.
P. ¿Cree realmente que Europa, al perder la religión, la reemplazó con el patriotismo, y que terminará por volver a la religión?
R. Sí, aunque para mí es absurdo imaginar que el patriotismo pueda reemplazar a la religión. La cristiandad duró más de mil años; el patriotismo, un poco más de cien, desde la Revolución Francesa hasta la Primera Guerra Mundial. También podemos decir las cosas de una manera más siniestra: el patriotismo, para alcanzar la incandescencia, necesita enemigos.
P. ¿Mientras que el único enemigo de la religión es la muerte?
R. Y es un enemigo más confiable.
Gonzalo Garcés es escritor argentino, autor de la novela Los impacientes (Seix Barral).



      El viernes 26 de febrero de 2016 a las 21,30 nos reunimos en el antiguo Bodegón Méndez, ahora La Alhacena, en la calle Anchieta. Por 13 euros comimos (humus de remolacha, humus de garbanzos, pollo de dos tipos, uno gamatu, ensaladilla, churros de pescado, alegría de atún, ensalada...y varios postres de los que recuerdo su buen sabor pero no sus nombres)  y bebimos (Martini y Ebeia), pero sobretodo nos disfrutamos. 
     Los allí presentes: Ana, Calola, Carolina, Domingo, Lourdes, Maive y María José hablamos del transcurso del curso y de las dos secciones de la mesa, una filológica y otra filosófica, pero mi madre decía que eso era lo mismo. Una vez empezado a hablar del libro se producía un efecto de duplicaje de las conversaciones por lo que ejercimos el autocontrol disciplinario en la administración de lo que decíamos. Como siempre, lo que se habló, nos pareció insuficiente y que no agotaba ni la obra ni las sugerencias de ésta. a pesar de eso, se mostró el habitual desagrado con el modo de escribir provocón e intencionadamente desagradable, incluso de gusto dudoso, que nos ofrece Houllebecq y que ya se nos hizo patente en Plataforma. 
     Los aspectos espirituales, si es que había alguno, se quedaron en un segundo plano antes las opciones políticas, de poder político, que nos plantea la obra. Lo que sí nos pareció subrayable es la descripción de los valores y sus alternativas culturales e históricas, así nos  ofrece una descripción de como la familia y los valores asociados a la tradición cristiana occidental se descuidan dejando hueco a unas alternativas orientales con cada vez mayor peso demográfico, en parte por insistir en esos valores. Esto nos llevó a pensar si los países tradicionalmente musulmanes habían desarrollado sus revoluciones antiimperialistas y sus re-revoluciones anti-antiimperialistas para volver a los valores del Islam más tradicional por motivaciones religiosas o por una necesidad de organización social, económica, política, educativa y cultural que los no-estados, sumisos y dependietes en su raquitismo, no llegaban a ofrecer. Esto trasladado a los países receptores de inmigración da lugar a reivindicar un modelo global de sociedad en contradicción con mucho de los valores fundamentales de occidente, esto lo resuelve el libro ofertando una cómoda opción a la inteligencia oficial e institucional tentada a resistirse ante unos valores que nunca le fueron propios. O ¿sí eran sus valores pero sin la valentía de asumitlo y reconocerlo?
      Esta oferta dio lugar a un interesante debate acerca de su viabilidad: se ofrecería al profesorado, en general masculino, la alternativa de un jubilación anticipada y bien pagada (María José aceptaría la oferta) o su conversión al Islam y la consiguiente sumisión a Alá y sus preceptos. Esta última alternativa implicaría además del reconocimiento social y profesional una poligamia, variando en número según poder adquisitivo, en la que varias esposas se ocuparían de las necesidades, deseos y requerimientos de los varones (Maive y alguien más consideró que, conociendo al personal masculino, la aceptarían, como el protagonista, de buen grado): La mujer asumiría esas funciones y de cultura general y artística. De esta forma se garantizaría, provocadora propuesta, que la sociedad siguiera su curso y progresara cumpliendo cada cuál su función.
      Otro tema interesante que surgió en el debate es si el devenir  histórico es lineal o múltiple, y si es progresivo o no. Parece que muchos países de mayoría musulmana, especialmente en el centro de África, pretenden desarrollarse a la manera de otros como los mediterráneos y de oriente medio, considerando siempre los países musulmanes, y a su vez estos están en una fase de desarrollo previa a los países, así llamados , desarrollados. Esta tesis parece asumir que el crecimiento económico y desarrollo del conocimiento implica necesariamente un progreso ético que incluya valores que asumamos universalmente. Pero ejemplos históricos de países que abanderaban el orden, la racionalidad, asociado a crecimiento económico nos muestran que pueden ser el germen de la mayor de las barbaries, de uno otro bando (Segunda Guerra Mundial y la factorías de muerte nazi ejemplo de organización, pero las bombas atómicas también son un ejemplo de desarrollo científico) o los lados del telón de acero que de forma similar utilizaban los últimos desarrollos científicos, organizativos, de comunicación para la opresión de su propia población y el expolio de otros pueblos que no por ello se pueden considerar inferiores. 
      Interesantes aportaciones que se complementa, como dijimos en otra entrada, con obras como París 2041 de Ezequiel Szafir.
    Nos costó despedirnos, pero para asegurarnos de que nos volveríamos a ver pusimos fecha viernes 15 de abril de 2016, lugar El Esquinazo en La Laguna y libro para la próxima tertulia Los surcos de azar cómic de Paco Roca.


"Para Esmé con amir y sordidez" de J.D. Salinger y "El amor es ciego" de Boris Vian.

     El 8 de abril de 1950 el New Yorker publicaba For Esmé-whith Love and Squalor, dos años después salía en la colección de cuentos de J.D. Salinger Nueve cuentos. En el 2015 Leonardo Padura  explica, en una entrevista, la dedicatoria de uno de sus libros y el empeño de Mario Conde de escribir relatos escualidos y conmovedores. La explicación nos llevó a este cuento de Salinger y a intentar precisar el significado de la palabra traducida por el autor cubano como escualidez.
       Por la misma época Boris Vian escribe El amor es ciego que se publica junto con otros cuento en la colección Lobo hombre. Carlos me lo aconseja y presta, tras disfrutarlo y reírme lo seguí pasando y generando diversión.
         Tras la lectura de La oculta  de Héctor Abad Faciolince, tan largo como interesante libro, y la corrección de exámenes y evaluar competencias creímos mejor aligerar la carga lectora para la siguiente tertulia, esta, así que decidimos los dos cuentos y vernos en San Sebastián 57 el día 4 de diciembre de 2015. Así lo hicimos Carolina, Domingo, Maive y María José; Lourdes se excusó en el último momento por problemas de salud, afonía. Comimos Camarones, con la cerveza, pulpo, carpaccio, manitas rellenas de trufa y nueces, y secreto. Todo ello por unos veinte euros.
      La conversación sobre las obras a debatir estuvo limitada por el cansancio estacional debido a nuestra profesión, por la escasa participación y por dividirse al tratarse de dos obras breves. Aún así hablamos del chiste corrosivo de Boris Vian y la carga de profundidad que mediante la risa realiza a las convenciones burguesas y a las censuras de la moral convencional, castrante y cargante tanto en lo erótico como en lo artístico. Destacamos su humor y brevedad que tanto lo distancian de la otra ceguera de Saramago en su ensayo sobre la ceguera, aunque el propósito es común: utilizar la limitación sensorial de la vista para realizar un disección más profunda de la sociedad y los condicionantes que nos limitan en el desarrollo humano. Lo que es lo mismo: cegarnos para ver mejor. Recordamos que en el mismo volumen en que se publicó el relato también se publicó y dio título a la colección Lobo-hombre que luego sirvió de inspiración para la canción de la Unión Lobo-hombre en París. Es de agradecer la ambientación, cuidada, detallista y dosificada en lo cotidiano de París, lo que sirvió para recordar la frase de Max Ophüls: todos tenemos dos patrias París y la otra, y compartir el dolor por la violencia que esperemos se quede en un pasado, sólo para el recuerdo.
        El cuento de J.D. Salinger nos sorprendió ya que sólo conocíamos al autor por su Guardian entre el centeno. Nos resultó curioso cómo dimos con el cuento vía Cuba, Padura, y cómo una obra maestra se quede en la gaveta de la desconsideración por ser un relato y por ser estimulante. La precisión del lenguaje, origen de su lectura por el término squalor, fue disfrutada por nuestras compañeras políglotas en su idioma original(al igual que el de Boris Vian). Precisión y economía ya que parece que nada sobra, es más, parece que el cuento interesante es el que construimos como lectores activos a partir de los materiales, sugerentes y bien medidos, que el autor nos ofrece. No sólo la escritura es objetivar esa pequeña parte que hace visible el autor de el enorme iceberg del que parte, el autor elige lo que escribe pero lo que no se escribe pero sustenta lo escrito es muchísimo más, sino que en el lector se produce un proceso análogo mediante el que se movilizan ideas y recuerdos para completar la mínima sugerencia de lo escrito. En resumen: que la papelera del escritor tiene muchos más folios que lo que se hace público para que el lector re-escriba en su imaginación mucho más que lo leído. Varias son las historias-ramas sugeridas que parte de un tronco-sugerencia.
      Terminamos con el agotamiento de un viernes y quedamos para otro viernes en el que los acontecimientos y el interés literario nos ayudaron a la elección del siguiente libro. Libro que retrasó su presentación por coincidir con la fecha de los atentados de París y que tiene en el sistema educativo y la posibilidad que éste se inspire en valores religiosos-tradicionales su tema central. Nos referimos a Sumisión de Michel Houllebecq.